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jueves, 4 de abril de 2013

Weird

Empiezo a sentirme rara. Y claro que no, una no se considera así encerrada entre cuatro paredes.
Mi rarunez viene de compararme con el resto o de que el resto me compare con otros.
En mis rutinas diarias, me siento rara cuando contemplo el rostro del contrario al confesar que bebo soja en vez de leche de vaca. Y que tomo cereales solubles y no café.
También tengo esa sensación cuando intento evitar comer tanta carne porque empieza a darme "cosa" tomarla.
Y eso lo puedo hacer extensivo a otras facetas de mi vida, por ejemplo cuando en el cuidado de mi niña comento que no uso "toallitas" para su higiene íntima, sino el agua fresquita del grifo. O cuando ven que siendo niña no lleva pendientes o incluso en ese momento que saco el pecho para darle de mamar con 9 meses. Cuando digo que duerme con nosotros o que no le he comprado ropa porque prefiero aprovechar lo que otros dejaron apenas sin usar.
Me siento un especímen de esos que viven en las aguas más profundas del océano, sinceramente.
Lo mismo cuando se trata de la educación de mi hijo cuando cuento que solemos ver películas con él de Berlanga o Buñuel. Cuando limito el uso de la nintendo a los sábados o que prepara el desayuno él solo y se ducha también solo desde que tenía 3 años...
No sé, creía que era más "normal". Aunque sinceramente, a estas alturas, ya no sé lo que es normal y lo que no.
Tampoco es que me importe mucho o llegue a perder el sueño por estas vicisitudes, pero sí reconozco que a veces me sorprendo a mi misma recapacitando sobre ello.
Pero sí, es curioso ser consciente de cómo cambia la opinión de la gente con respecto a ti dependiendo del contexto en el que te mueves.
Y ya fuera ironías, me considero una persona muy corriente donde la mayor parte del tiempo pasa tan desapercibida que si me veis sólo una primera vez, nunca recordaríais mi cara la siguiente :)

jueves, 17 de enero de 2013

Se busca sensibilidad perdida en los médicos de urgencias

Cada vez que leo Diario de una mamá pediatra, siempre pienso que me encantaría tener cerca una especialista como ella, tan profesional, tan implicada, tan dedicada...
Lamentablemente, en mi trayectoria como madre de un hijo de 7 años y una niña de 7 meses, mi experiencia con medicina/urgencias, ha sido "triste". Sí, tristeza, porque no encuentro más palabras para definir la sensación que se me queda en el cuerpo tras acudir a urgencias con mis hijos.
Y eso que resido en un municipio diferente al que vivía cuando mi hijo mayor era el bebé... pero que las cosas no cambian y los médicos son igualicos igualicos de maleducados.
Nada más lejos de mi intención que herir al gremio de médicos (o sí), pero vengo más que calentita de mi visita a urgencias a las taitantas de la noche, que dicho sea de paso, son taitantas para todos y no solo para el médico que me ha atendido (con la cara marcada por la arruga de la sábana).
Imagináos la una y media de la mañana, esperando a que me abran la puerta del centro médico tras llamar una vez en la que indica muy amablemente y literal:
Por favor, llame al timbre UNA SOLA VEZ. En breve será atendido. Muchas gracias.
Me gustaría saber qué entienden ellos por breve, porque en pleno invierno y habiendo salido urgentemente de casa, sin abrigo, estar 10 minutos en la calle con un bebé febril y vomitando, es de todo menos BREVE.
Así pues, he llamado una SEGUNDA VEZ, y tras cinco minutos de espera y mi piel empezando a tornarse morada, ha salido de las estancias una señorita muy señoreada que abre y sin mediar palabra me indica con su índice "pá dentro".
Ahí voy yo, intentando guardar la calma, intentado ponerme en la situación de esa pobre muchacha que está de guardia, recién "despertada", a la que probablemente le han recortado el sueldo, le han subido de horas y/o le han asignado otro centro porque el suyo lo han privatizado... digo, que ahí voy yo, por el pasillo hasta el cubículo donde está el Oh! Todopoderoso Oh, médico de guardia de urgencias, que para variar, ni me mira, ni me saluda, ni me dice que pase, ni que me siente,... y que se pone a escribir en el ordenador antes de saber si estoy allí porque soy una loca de la vida, o porque realmente tengo la necesidad de ir porque mi pequeña no para de vomitar.
Me señala pues la camilla y me hace un gesto acompañado de un sonido gutural, a lo que yo, voy calentádome mientras me muerdo la lengua para no montar un "señor pollo".
Y ya le digo que qué quiere que haga, que no le entiendo, y por fin, escucho la voz del Oh! Todopoderoso Oh, médico de guardia que me espeta que lleve a la niña a la camilla y le quiteeee... eso, que le quite eso... ESO??? imagino que se refiere al pijama (y no a la mantita que la cubre).
En fin, que procede a la exploración y sin más ni más, me dice ...que tome "Motilium" si sigue de esta guisa.
- Motilium? ¿y eso qué es lo que éeeeeeeeeeee? - le pregunto yo, claro.
- Un jarabe. Pero que tome muy poco, como una rayita ná más.
- Una rayita? qué medida es esa Oh! Todopoderoso médico.
- A ver, ¿cuanto pesa el niño?
- Pues, la NIÑA, pesa unos siete kilos y medio.
- Entonces sí, que sea muy poco, una rayita, un filito de jarabe. "Enga" hala. Si mañana sigue así, pues ya sabe, al pediatra.
- Ah! ¿y el motilium? imagino que mañana, porque en este pueblecito, lo que es farmacias de guardia, pues no, oiga y ... claro...
- Sí, pues mañana se lo da.
- ¿Le sigo dando el pecho entonces todo este tiempo no?... como vomita cada vez que le doy...
- Sí, siga siga y agua, mucha agua, pero sin llenarle el estómago para que no le moleste. Hala, "adió".
¡Y me he ido oyesssssssssssss!, receta en mano, niña vomitando y cara de tolai que no veas.
De camino a casa, he caído en la cuenta de que no me ha dado el informe.
¿Qué tendrá la niña?, imagino que saberlo será irrelevante siempre y cuando sepa cómo tratar los síntomas. Que yo recuerde: teta, agua y motilium mañana, si lo vomita: le doy otra vez, si fiebre: apiretal, si lo vomita: le doy otra vez y si sigue así, pues al pediatra. Oooooo.k.
Me dan ganas de estudiar medicina oyessssssssssssssssss.
¡Qué hartura! os lo digo de verdá, ¡qué hartura y qué vergüenza!


viernes, 14 de diciembre de 2012

¡¡¡Que quiero darle tetaaaaaaa!!!


Sí, no estáis equivocados. La entrada de este post es un grito, una súplica, una reivindicación a mi derecho de darle la teta a mi hija.
Ella, hace 6 meses el domingo. No sé si os lo he contado, pero ya me he incorporado al trabajo después de la baja por maternidad, a la que le he sumado las vacaciones de verano y los 15 días que me corresponden por "lactancia materna".
En la revisión de los 5 meses, la pediatra me recomendó ir introduciendo cereales sin gluten, puré de patata y zanahoria, además de un zumito de naranja natural para evitar el extreñimiento que suele ser producto de una dieta tan astringente. La recomendación vino a colación de mi comentario sobre mi inminente incorporación al mundo laboral.
Ella me preguntó si se alimentaba solo de mi leche, a lo que yo afirmé. De modo que ambas acordamos que para que la niña no pasase de golpe y porrazo del pecho al biberón, iría introduciendo paulatinamente ciertos cambios. Y así hice, empecé a sacarme la leche para hacer con ella la mezcla con los cereales y fuí acostumbrándola a comer con cuchara el puré.
De este modo, cuando la dejé al cuidado de otros, la niña estaba acostumbrada a su nueva forma de alimentación.
Como muchas madres recientes sabéis, dejar a tu bebé de 5 meses para empezar a trabajar fuera de casa, es bastante traumático. Yo pasé (estoy pasando) por todas las fases del conflicto de separación. Y es que, necesito estar con ella y necesito seguir dándole el pecho siempre que ella quiera y me lo pida. A ella y a mi nos reconforta estar juntas.
Me alivia saber que ella está tranquila las horas en las que no está conmigo, no llora ni se muestra irritada por nada, así que supongo que no echa de menos el pecho ni lo necesita para calmarse ni para buscar afecto, cobijo ni compañía de mamá. Es un regalo saber que está bien y que el proceso de separación lo lleva con total normalidad.
En esas horas que no estamos juntas, yo me saco la leche, de forma que pueda seguir alimentándose de ella a través de las oportunas tomas de cereales mañana y noche.
A pesar de que me saco la leche bastante a menudo, he notado como va reduciéndose la cantidad de leche que me extraigo, tanto que a veces me las veo y me las deseo para tener cantidades suficientes para las tomas de la noche. Me cuesta tener un remanente de leche congelada y siempre voy al día con las reservas.
De modo que más de una vez, cuando he compartido mi pesar con la gente de mi entorno más cercano, me han recomendado empezar a comprar leche artificial:
- "Pues vas a tener que comprarte un bote de leche, por si acaso".
- "No sé por qué te empeñas en seguir dándole tu leche, qué ganas de pasarlo mal"
Estos y otros muchos comentarios martillean mi cabeza y hacen que me irrite profundamente. Y es que, necesito darle el pecho a mi hija. Quiero prolongar todo lo que pueda la lactancia, nos gusta a ambas sentarnos y compartir ese momento, ella me busca y eso me encanta.
Por las noches, mientras dormimos, ella se acerca a mi y empieza a "hociquear", buscando mi pecho. Es una sensación maravillosa, acurrucarla en mi costado y dormirnos las dos plácidamente mientras se alimenta.
Lo cierto es que poco a poco su sueño nocturno es más constante y casi no me busca, ésto y todo lo que os he contado antes, está provocando una progresiva disminución del volumen de leche que genero. Y me da pena, porque no quiero que me pase lo mismo que me ocurrió con su hermano, que a los 6 meses, dejó de amamantarse.
Lo pienso y me da rabia que no sea fácil ni natural poder darle el pecho a tu propio hijo. El ritmo de trabajo, la prematura incorporación tras el parto, los familiares, ciertos amigos... son variables que ponen baches en este maravilloso camino de la lactancia.
Y a veces siento que es más una lucha que la forma natural de criar a tu prole. No lo entiendo, de verdad, no entiendo que sea real este modo de vida que hemos creado, que hayamos ido aceptando este tipo de sociedad, estas normas establecidas y leyes aprobadas que van contra natura, que hayamos ido racionalizando una forma de "estar en el mundo" tan poco fluida y tan contra corriente de los más pequeños, de las generaciones futuras.
Pero la rueda sigue y sigue girando y ¡ay! del pobre que le de por bajarse un rato de ella, aunque solo sea para reflexionar.

domingo, 6 de noviembre de 2011

6 semanas + 3 días

Imagen de Dibujando.net
Tengo que decir que efectivamente, no todos los embarazos son iguales, o quizá es mi memoria la que no me permite recordar con total claridad cómo fueron estas primeras semanas con mi primer hijo. Las hormonas no me permiten discernir mi realidad de mi mundo paralelo y es que vivo en un constante ir y venir de emociones, tan pronto estoy asustada como un pajarillo por la idea de traer a este mundo en crisis un nuevo miembro, como estoy recreándome en la estupenda crianza de mi bebé...
Lo que sí tengo más superado es el tema de las primeras naúseas... mientras que en el anterior embarazo perdí unos 5 kg a causa de un terrible malestar durante el segundo mes (uf! me cuesta calcular en semanas), en este he logrado mantener a raya todo síntoma simplemente comiendo más a menudo tanto por la mañana como por la noche. Consigo estar más o menos al 70% salvo por esa sensacion de "gastroenteritis" que me acompaña practicamente todo el día.
Quiero disfrutar de este embarazo, pero si os soy sincera, estoy deseando que pase este trimestre en el que siento mi cuerpo como las "maracas" de Machín. Apenas puedo reconocerme, casi siempre con las pilas gastadas, con cambios de humor y con una sensación de desgaste psicológico muy importante. Fijáos que igual esta entrada es hasta producto de mis cambios hormonales :)
En cuanto al control médico de este mi segund@ retoñ@, deciros que hace unos días fui a visitar a la matrona, se llama Esther y sigue tan encantadora como hace 6 años. Se nota que le gusta su profesión y coincidir con ella es para mi un lujo y una gran suerte, me comentó cosas que ya sabía y otras que no, como por ejemplo que por superar los 35 años tienen que hacerme dos pruebas de la curva de glucosa, una ahora y otra más adelante ¡cosas de la edad! Después de la consulta, me fui a trabajar con una gran fajo de papeles con futuras citas pendientes para revisiones y pruebas por hacer de aquí a enero...
Aún no me han hecho ninguna eco, pero será para la próxima semana...
Tengo ganas de verle ya la "cara", quiero decir, la "sombra lentejil" que debe ser mi pequeñín y al menos comprobar que está todo en orden y según lo previsto para las semanas en las que me encuentro.
Hasta finales de enero o principios de febrero, no sabremos qué tendremos, para la nena ya tenemos nombre, pero si es nene aún tendremos que seguir llamándole "la cosa" (cariñosamente siempre)...
Os quiero mencionar a todos en este blog... no me estoy dejando mucho ver, pero os aseguro que de tanto en tanto me paso a visitaros.
Un beso y hasta la próxima !!!¡¡¡

lunes, 24 de octubre de 2011

MES 0

Mi cuerpo albergando
otra vida.
Sensaciones,
que me recuerdan...
que algo
está sucediendo.
... Y cuando más necesito
las palabras.
Ellas aletean en mi vientre
como alas de mariposa.
... Y me dejan en silencio
para que solo escuche
el tiempo.

lunes, 3 de octubre de 2011

Mi hijo y cuando yo era pequeña

Hace unos días, mi hijo sacó de la estantería un Furby:

Lo guardo con mucho cariño porque fue un regalo de una gran amiga. Cierto que ya me pilló en los 90 y no éramos unas crías, pero me encantó y lo conservo con mucho cariño.

El Furby es un muñeco que va a pilas, tiene unas instrucciones de uso que te dan la pista sobre cómo puedes interactuar con él. Tiene un lenguaje propio pero fruto de esa interacción con el dueño, aprende palabras, de forma que cuanto más le "estimules" más partido le sacas. El que tengo yo es muy parecido al de la foto.

Como os decía, el peque lo descubrió y quiso saber qué era aquel "animalejo" tan curioso. Evidentemente, yo le quité las pilas en su momento y hemos tardado unos días en comprarlas... En ese intervalo de tiempo, él no paraba de recordarme que las comprásemos... hasta que finalmente, ¡lo pusimos en marcha!

Tan pronto como el Furby abrió los ojos y dijo "Mami, hambre" "duele tripita" mi hijo ya lo adoraba.

Lleva dos días junto a él, tapándole los ojos (lleva un sensor de movimento y otro lumínico), poniéndolo boca abajo, dándole de comer, haciéndole cosquillas, despertándolo cuando está dormido, jugando al escondite... ¡en fin! toda una mascota, que añadido a su "mascota real", un hamster ruso, le dan a sus tardes una "vidilla" añadida. Me hace gracia ver a mi hijo en plena fase de "crianza" y no para de ir de un lado a otro de la casa atendiendo y cuidando a su prole :)

Me gusta que el peque juegue con mis juguetes, es como si ellos tuviesen una segunda oportunidad para hacer feliz a otro niño... vamos, igualito que en "Toy Story".

¿Os ha pasado a vosotros algo parecido?

martes, 27 de septiembre de 2011

La bici, el campo, los deberes y ser una buena madre.

"¡Lo que se hace por un hijo!"- Ésta fue la frase que me sorprendió de repente, cuando me escuché  a mi misma diciéndola en alto ayer. ¡¡¡Y todo porque no me encontraba en mi mejor momento!!!
Esa misma mañana me había levantado con algo de fiebre y no había tenido, digámoslo así, un sueño reparador.
Después, en el trabajo, los minutos se dilataron hasta parecer horas y las idas y venidas de frío y calor me acorralaron tanto que hicieron que el día fuese un particular vía crucis.
De regreso a casa, ya me "visualizaba", lanzándome a la cama con una gran sonrisa de satisfacción mientras miles de coloridas y olorosas flores flotaban en el aire tal que anuncio de "suavizante"... aahhhhhhh! qué bien me iba a sentar la siesta.... siesta... siesta.... aaaaaaaaaaaahhhhhhhhh.
Pero antes de intentar dormir, quise organizar al peque para que no se quedase en mi rato de sueño descolgado por la casa: encendimos el portátil y le inserté un CD de "Mates" de 1º de primaria, empezó con una divertida actividad de resolución de problemas donde unos niños de su edad querían ir al parque de atracciones y tenían que ir pasando una serie de pruebas tipo sumas, restas, secuenciación de series... para que se pusiesen en marcha las atracciones ... todo realmente interesante, tanto que requería de cierta supervisión de un adulto para ir pasando de nivel... uf! y tanto, tanto, tanto me metí en las actividades, que se me pasó el ratito previsto de sueño...
-Quino-
Acabadas las actividades, unos grandes ojos castaños me miran y mi hijo (muy riquín él) me apremia a responder a su "¿Y ahora qué hago mami?" ....
Y la mami y él se fueron a dar un gran paseo en bicicleta ... ¡que para eso vivimos a pie de campo!!! "¡Lo que se hace por un hijo!" - fue ahí donde mi boca me soltó tal reproche. ¿Lo que se hace por un hijo¿??? ¡menuda frase para la posteridad! Me molestó bastante ese pensamiento impertinente sobre el hecho de ocuparme de mi hijo estando un pelín "regulera" y fui practicamente todo el paseo dándole vueltas al asunto...

Pero ... ¿Cómo que "¿Lo que se hace por un hijo?"?

Cada noche, cuando le veo dormir plácidamente recupero la cordura de entre la gran maraña de ideas, pensamientos, sentimientos y simplemente sé que COMPENSA, que siempre compensa y que por un hijo se hace todo y mucho más.


Soy muy afortunada y lo único que tengo para ofrecerle es mi intento de ser cada día mejor.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Contra los mitos del autismo

Leed esta entrada de Madre Reciente en Me crecen los enanos.
El conocimiento NOS HACE LIBRES.

lunes, 29 de agosto de 2011

Un hijo como reafirmación de la pareja

Según una concepción sistémica de la familia ésta se concibe como un sistema que atraviesa una serie de fases más o menos acordes a su ciclo vital (emparejamiento; procreación; adolescencia, maduración y emancipación de los hijos etc).

Esta concepción aporta la idea de que los hijos (en las parejas que deciden tenerlos) son una forma de reafirmar el contrato adquirido por ambas partes al inicio de la relación. Los hijos son pues el fruto de un acuerdo entre la pareja como señal de que quieren seguir estando juntos.

Por lo visto, el hecho de plantearse procrear, según este enfoque, es una forma de renovar durante un tiempo más ese compromiso dentro del ciclo vital que corresponde a la procreación.

Ya os he contado otras veces que en mi caso particular he sentido puntualmente la "llamada de la naturaleza" y que ha sido en esos momentos cuando más brutal se ha mostrado en mi la necesidad de quedarme embarazada. Jamás hubiese imaginado que además hay implicado una necesidad de reafirmar el compromiso que tengo con mi pareja... para mi siempre ha sido más una llamada "biológica", he sentido que mi cuerpo deseaba volver a tener esa experiencia física del embarazo, quizá lo más parecido al "celo" de las hembras mamíferas. Pero igual, ahora que lo pienso, plantearse tener un hijo o más, debe ser producto de ambas cosas o incluso puede que haya más variables que afecten. Lo mismo que para no tenerlo(S).

¿Vosotr@s qué pensáis?

viernes, 22 de julio de 2011

El instinto.

Voy conduciendo a 20 km/h por la avenida principal que me lleva al trabajo... a una determinada distancia, giro por una bocacalle tan despacio que casi se me cala el coche, siempre estoy pendiente en ese punto porque nada más girar hay un paso para peatones que si no lo conoces, te comes directamente al que esté cruzando por él ... salvado el paso, una mujer se me cruza y se planta en mitad de la carretera... y yo freno, nada brusco porque ya iba casi parada... observo extrañada su comportamiento cuando delante de ella veo un pequeño de dos años que alocadamente se ha puesto a cruzar detrás de su pelota... Y se me ponen los pelos de punta porque compruebo que la mamá del nene se ha interpuesto entre él y mi coche... no hubiese ido a más porque iba tan despacio que me hubiese dando tiempo más que de sobra pero supe que, igual que ella, ... yo también hubiese hecho lo mismo. Y es que no te lo piensas, en segundos nuestro cuerpo reacciona muy por delante de nuestro raciocinio. Damos literalmente la vida por nuestros hijos y eso, es instintivo. Aún tengo marcas en las rodillas y en los empeines por una caída que sufrí con mi hijo en brazos hace un par de veranos (MAL POR MI, PORQUE NO DEBERÍA TENERLE EN BRAZOS MIENTRAS CAMINABA), por no caer sobre él, volqué todo mi peso sobre las piernas y quedé en genuflexión con mi hijo sano y salvo en mi regazo... él feliz pensando que estaba jugando a algún tipo de alocada montaña rusa y yo desollada por los adoquines incrustados en mi piel... Y lo más curioso fue que ni me plantée el cambio de trayectoria, mi cuerpo actuó por mi...

¿Qué experiencias habéis tenido vosotros?

domingo, 1 de mayo de 2011

Ser madre

Ser madre es una gran responsabilidad. De verdad que lo es.


De hecho, ser una mala madre implica, entre otras cosas, hacer sufrir a un ser humano que ha dependido de ti buena parte de su infancia y juventud y que por ello puede arrastrar de por vida el trauma de la "madre ausente", o el de "la madre ansiosa", o el de la "madre invasiva", o el de la "madre fría"... Porque, para bien o para mal ¿A quién no le ha marcado su madre?

Por eso, porque quiero ser una gran madre, soy tan exigente conmigo misma.

No sé si lo estaré haciendo tan bien como desearía o como yo creo que debe ser esa figura maternal...

Pero lo que sí sé es que, gracias a mi hijo, intento cada día ser mejor persona, superarme a mi misma, conocer mis defectos y limarlos, reconocer mis virtudes y explotarlas al máximo y sobre todo, comprender a mi hijo, arroparle respetando su libertad para explorar el mundo y sus límites, apoyándole, incluso observándole en la distancia comprobando sus logros y su crecimiento...

Pero me equivoco otras tantas veces, lo reconozco e incluso, a veces me disculpo con él por haber errado en algo... o por haberle hecho daño sin querer...

No es fácil ser madre... Ser madre se aprende casi sobre la marcha... Ser madre es una carrera de fondo... Y ser madre es mucho más que parir un niño.

Para mi, es sobre todo AMAR a quien le has dado la vida, sabiendo que no es tuyo sino de él mismo.

Y es AMAR incondicionalmente.

Debe ser un gran acto de generosidad, aunque a veces duela.

domingo, 27 de marzo de 2011

Antinaturaaaaaaaaaaaalllllllll

Nunca me había posicionado al respecto del cambio horario... nunca he sabido muy bien si me venía bien o mal. Recuerdo que en mi época universitaria muchas amigas despotricaban porque durante unas semanas estaban vueltas del revés con los horarios... pero sinceramente, yo siempre he sido muy flexible a los cambios, me he adaptado muy bien a casi todo. Sin embargo, según va pasando el tiempo, mi tendencia es más hacia el NO... ¡¡¡NO al cambio de hora!!! (dicho así, parece una postura tomada ante algún debate Nacional) Y es que yo, os lo digo de corazón, desde que tengo hijo, esto de cambiarle una horita todas sus "rutinas" me lleva por la calle de la amargura cada invierno y cada primavera. Ahora mismo, por ejemplo, es la hora del baño, después la cena, un cuento y a dormir!! ¿y cómo lo hago? si acabamos de llegar de dar un paseo por el campo en bicicleta, con un aire limpio y un medio sol brillante: el cuerpo aún nos pide adrenalina, nos pide antes una siesta que ponernos el pijama para la hora de dormir, el estómago está dispuesto antes a una merienda con pan y nocilla que a la cena... Por algún motivo, la hora de la tarde se nos ha esfumado para dar paso a una noche llena de luz y de niños jugando en el parque... Ahora que vivimos en un pueblo grande, confío más que nunca en la sabia naturaleza. Los pájaros cantan por la mañana como siempre, sean las 7, las 8 o las 9 de la mañana, las liebres se van a sus madrigueras cuando va anocheciendo sin importarle mucho este cambio horario, de hecho, es el propio movimiento de la Tierra el que nos va brindando más horas de luz conforme se va acercando el verano, lo mismo ocurre en invierno, que los días son más cortos sin necesidad de acortar el horario... no lo entiendo, en España no le encuentro sentido a este cambio, ¡si somos un país de luz natural! no me creo mucho esto del ahorro de energía. Hasta hace unos días, yo, que me levanto a las 7 de la mañana, subía las persianas nada más despertarnos, ahora volveré a despertarme de noche y a tener que encender la luz :S y por la noche, tendremos que bajar las persianas para que el pequeñajo entienda "que es de noche" y que hay que dormir. No supondrá una gran lucha porque es de buen conformar... pero el paripé de que es de noche lo haré ¡por supuesto! Me pregunto cuántos habrá en mi misma situación y por supuesto, aunque no es un asunto de Estado, sigo pensando que lo más inteligente sería respetar los propios tiempos y ritmos que nos da la naturaleza. ¿Qué pensáis?

jueves, 24 de marzo de 2011

¡El primer diente!

El peque tiene 5 años y hoy mismo se le ha caído su primer diente :D

A mi me ha hecho mucha ilusión y por eso lo quiero poner aquí y compartirlo con vosotros.

Estas cosas son las que hacen que de repente, vuelva a caer en la cuenta de cómo pasa el tiempo y de cómo nuestros hijos van haciéndose mayores. Me hace feliz haber estado con él... sé que puede ser una nimiedad, pero a mi me ha encantado estar jugando con él cuando de repente... ¡ha ocurrido! se cayó ese primer minidiente de leche, el primero de una serie de futuras visitas del ratoncito Pérez.

Esta noche será la primera vez que nos visite este roedor que, según los más castizos, vive en la C/ Arenal nº 8 de Madrid (mirad lo que dice la wiki). Menos mal que se le ha caído por la tarde, porque desde Madrid hasta aquí, el ratoncillo va a "marcar" una buena caminata ... Pero bueno, hay que ser optimistas, que si no es extraño que un ratón con sombrero de paja se recorra España entera recogiendo los dientes de los niños y niñas mientras deja un regalo (que me da a mi que aquí dejará una moneda) ¿cómo no va a ser posible que llegue en un plín a nuestra casa?

lunes, 11 de octubre de 2010

Me siento bien . . .

Cuando disfruto de una ducha caliente.
Al despertar con el sonido del viento.
Cuando mantengo una buena conversación.
Cuando la luz roza mi cara.
Al verte dormir apaciblemente en tu pequeña cama.
Cuando imagino nuevas metas.
Cuando las alcanzo por fin.
Cuando siento que la vitalidad me invade.
Al verte bostezar por las mañanas.
Cuando siento la energía en el ambiente.
Al oir latir mi corazón y el tuyo.
Cuando me da la risa porque me das una sorpresa.
Cuando camino entre las hojas del otoño.
Al ver tu carita de niño buscarme al despertarte.
Cuando camino entre la niebla de tu mano.
Cuando te recojo del colegio.
Cuando jugamos a pisar nuestras sombras.
Al verte montar en bici sin caerte.
Cuando pones mi nombre en el papel.
Cuando abrazas a tu peluche favorito.
Cuando hacemos un bizcocho.
Cuando te ríes a carcajadas.
Al darme un beso de ratón.
Cuando nos queremos hasta el infinito.

Me siento bien...

lunes, 4 de octubre de 2010

Unípara

Reconozco que últimamente parece que una fuerte llamada de maternidad llama a mi puerta. No sé si será la edad que ya empieza a advertirme que estoy en el límite (cada vez más flexible, por cierto) o que mi peque deja de serlo, o que mi casa es más grande y quiero llenarla de niños correteando por ella, o que yo me siento más preparada... no sé que será, pero últimamente la idea de volver a ser madre, me ronda como una hiena a su carroña (el ejemplo es más gráfico que adecuado).
Sin embargo, me temo que por exigencias del guión me quedaré con las ganas...
Si volviese a ser madre, quisiera tener la certeza de que tendría el mismo tiempo que dispuse para mi primer hijo, quisiera tener una economía estable (y no me refiero a grandes lujos, sino al mero hecho de llegar a fin de mes), que mi trabajo no corriese riesgos si tuviese que pedir alguna reducción de mi ya reducida jornada o ¿por qué no? una excedencia... y si además le unimos el hecho de "Uno quiere, otro no", presiento un futuro "uníparo" más por obligación que por convicción y eso es algo que me pesa, al menos hoy.
Aunque quizá esto que me pasa, más fisiológico que "lógico", sea algo parecido a la fiebre, que cuando se va, es como si nunca hubiese existido.
Por lo pronto, esta sensación es lo suficientemente importante como para ponerla en cuarentena mientras leo vuestros comentarios :)

sábado, 20 de febrero de 2010

Bienvenidos a Holanda

Este es el cuento de la escritora Emily Pearl Kinsgley, ella es madre de un niño con síndrome de Down y escribió este cuento para describir la experiencia de educar a un hijo que en nuestro Sistema Educativo se define como un alumno con necesidades educativas especiales:

Esperar un bebé es como planear un fabuloso viaje de vacaciones a Italia: compras muchas guías de turismo y haces unos planes maravillosos: el Coliseo, el David de Miguel Ángel, las góndolas de Venecia... También puedes aprender algunas frases en italiano. Todo es muy excitante. Después de meses de preparación, finalmente llega el día: haces la maleta y estás muy nervioso. Algunas horas después, en el avión, la azafata dice: "Bienvenidos a Holanda":
"¿Holanda?", preguntas. "Cómo que Holanda? ¡Yo pagué para ir a Italia! Toda mi vida he soñado con ir a Italia!".
Sin embargo, ha habido un cambio en el plan de vuelo, el avión ha aterrizado en Holanda y ahí te tienes que quedar. Así que tienes que salir y comprar nuevas guías de turismo, incluso tendrás que aprender un idioma nuevo. Lo importante es que no te han llevado a un lugar horrible: se trata simplemente, de un lugar diferente. Es más lento y menos deslumbrante que Italia. Pero después de pasar allí algún tiempo y de recuperar la respiración, empiezas a mirar a tu alrededor y te das cuenta de que Holanda tiene molinos de viento, tulipanes, incluso Rembrandts... Pero todos tus conocidos están ocupados yendo y viniendo de Italia, presumiendo de los días maravillosos que han pasado. Y durante el resto de tu vida, te dirás: "Sí, ahí es donde se suponía que iba yo. Eso es lo que yo había planeado."
Pero si te pasas la vida lamentándote por el hecho de no haber podido visitar Italia, es posible que nunca te sientas lo suficientemente libre como para disfrutar de las cosas tan especiales y tan encantadoras que tiene Holanda.

No es mi experiencia personal, pero sí conozco a una madre que ha sabido aceptar con entereza esa primera situación en la que descubres que tu hijo tiene un trastorno concreto que le va a acompañar en su trayecto vital. Ella ha sabido darle un tiempo muy limitado a ese "duelo". Ha comprendido que cuanto antes se repusiese, antes podría empezar a ayudar a su hijo y a trabajar junto a él en este camino.
Por eso ella tendrá la gran suerte de disfrutar de Holanda, mucho más de lo que quizá yo nunca disfrutaré de Italia.

lunes, 21 de diciembre de 2009

A VUELTAS CON LA TOS DE PERRO Y LA NOCHE TOLEDANA

No recuerdo cuántas veces he mencionado esta expresión desde que soy madre: "por encima de mi hijo, no hay nada" ... ¡Ay, alma cándida! Si algo estoy aprendiendo de esta vida que me ha tocado vivir, es que las frases tan rotundas son gigantes con pies de barro.
A ver, que hoy he venido a trabajar sin dormir nada de nada y con una sensación de derrota bastante desagradable.
Como todas las que sois madres o padres sabéis (o lo sabréis), que la entrada de un niño en una escuela infantil o en un colegio, supone que el nene o la nena va a estar al menos unos cuantos días al mes malit@.
Mi hijo, no es un caso especial en esto. La parte buena es que apenas ha tenido fiebre como algo habitual, la parte mala, que cuando cae enfermo lo que más se le afecta es la garganta y los bronquios. Esto se traduce en un primer síntoma que es esa tos perruna, machacona, constante, regular y acompasada como el segundero de un reloj muy ruidoso. Otra, que le da asma y el niño se ahoga... y no hay nada que lo pueda remediar, empieza como algo leve y al siguiente día ya estamos en urgencias con una crisis asmática que ni en mis mejores tiempos.
Otra cosa es que cae malo el sábado, esto significa que el punto más álgido de tos y asma llega el domingo, para ser más exactos de noche. Eso sí es una aventura de las buenas: para los que hayan tenido la suerte de no pisar nunca las urgencias, os diré que el domingo por la noche, la gente "queda" para ir allí... si no, no me lo explico. Puedes ir cualquier otro día, pero como el domingo no hay nada, estoy convencida que se baten récords guiness de concentración de gente en un espacio reducido.
Ayer no fue diferente, salvo que en vez de ir a urgencias hasta esperar al alba a que atendiesen al peque, decidí pasar la noche con él en brazos y paseando arriba y abajo, arriba y abajo, así parece que todo remitía y conseguía conciliar el sueño.
Imagináos el panorama, desde las doce de la noche hasta las siete de la mañana, de paseo en paseo y de sofá a paseo y de sofá a cama ...
Cuando el día apuntaba en el horizonte, su estado ha ido mejorando considerablemente y es ahí cuando hemos tenido que decidir qué íbamos a hacer, que el papi se quedase con él: impensable, está en plena entrega de notas y reuniones con padres y tiene que ir... otra opción, que me quedase yo con él: imposible, a primera hora de la mañana tenía concertada una cita para seguir formándome en un programa informático de la empresa, añadir que soy yo la portadora de la llave que abre la oficina ¡genial! Solución, los abuelos. Así que, hemos vestido al peque que estaba mejor pero hecho unos zorros de no haber dormido apenas nada y le hemos llevado a casa de mis padres.
Entonces, de camino al trabajo, he entrado en contradicción, yo que tanto me lleno la boca diciendo que por encima de mi hijo no hay nada, he visto que sí, que por lo visto, el programa informático del trabajo está por encima, que mi compromiso de mujer trabajadora dando el callo está por encima, que mis sentimientos de fallar a la empresa, están por encima...
Este sentimiento ha dado paso a ese punto de politiqueo que últimamente envuelve nuestras vidas y he seguido el hilo argumental de mis pensamientos: si los abuelos no estuviesen disponibles ¿qué hubiese hecho? ¿faltar al trabajo porque mi hijo está enfermo? ... posiblemente es lo que hubiésemos decidido su padre o yo, en mi caso tengo la suerte de tener un jefe bastante comprensivo al respecto, pero... qué pasa con aquéllos que no tienen ni lo uno ni lo otro??? porque hasta donde yo llego, las bajas médicas te las dan cuando estás tú malo, no cuando se pone malo tu hijo, en este último caso, tienes que pedirte un día (si lo tienes) o quedar como un capullo delante de tu empresa, y faltar por el método de "diga 33" osea, hacer que estás tan malo que no puedes salir de la cama ni para ir al médico... que eso no es la primera vez que lo oigo... ¿Por qué en España es tan difícil la conciliación de la vida familiar y laboral? ¿será diferente en otros países? ¿cuánto de diferente?
En fin, sea como fuere, me he visto una vez más en la misma situación y con la misma frustración que me lleva a plantearme cómo podría hacer para sentirme mejor cuando dejo a mi nene enfermo en manos de otros, porque son muy buenos abuelos, pero ni qué decir tiene que lo que realmente me pide el cuerpo en estos casos, es cuidarle yo y quedarme junto a él hasta verle recuperado.

Y mucho me temo, que no soy la única que se siente así ¿verdad?

martes, 3 de noviembre de 2009

AND THE WINNER IS...

Tengo amigos y familiares -sobre todo los más jóvenes- que sienten verdadera fascinación por EEUU. De hecho, dos de ellos tienen planeado viajar en verano, quieren ver Nueva York, pasear por Central Park y visitar la Estatua de la Libertad, observar los grandes rascacielos y llegar hasta la Quinta Avenida. Comprar hamburguesas XXL para comer y comida china en recipientes de papel para cenar...
Oh sí! quieren viajar a la tierra de Libertad y oportunidades y dejarse llevar por el patriótico espíritu americano, donde cada casa tiene su bandera en el jardín y su pistola bajo la almohada.

Los americanos, sin ellos ¿qué sería del mundo? el motor de la economía mundial, nuestro hermano mayor.

El gran productor de sueños y de concursos como éste del que os dejo el enlace del que he sacado la imagen para que lo leáis:

LITTLE MISS AMERICA

El concurso consiste en básicamente atusar a las nenas con sus mejores galas, maquillarles hasta el colodrillo, hacerles bucles rizando el rizo, ponerles laca a lo sinsentido con el propósito de situar a sus retoños en el trampolín de la fama.

Por cierto, me encanta la foto que he puesto, la niña tan pimpollo, tan compuesta y con todas sus uñas postizas.... bueno con sus nueve uñas postizas, porque claro, ahí es donde se nota que no deja de ser una "piquiñina".


jueves, 8 de octubre de 2009

VIVIR UN COLEGIO CON GANAS

Llevo a mi pequeñajo a un colegio público que trabaja sobre el libro la mayor parte del tiempo y que dependiendo de con quién des en el aula, así estarás de acuerdo o no con la educación que le dan a tu hijo. En este caso con su maestra estoy más que satisfecha.
Soy bastante crítica con el sistema educativo en España y vale, quizá sea mejor que otros sistemas educativos de otros países, pero también peor.
En qué me baso para decir que es peor o mejor, primero me baso en que la base de la educación en España es el marco legislativo en el que se apoya, estas Leyes Orgánicas que cambian según el viento político que las sople son tan endebles como los propios partidos políticos que las dictan.
Estas leyes vienen a ser básicamente de calidad lo que significa que es la escuela la que se adapta al alumno y no al revés y que además atienden a toda la diversidad. Los Reales Decretos, los Decretos, las Órdenes Ministeriales... y todo el sin fín de acuerdos y papeleos nos intentan convencer de que la educación llega a todos, con todos los recursos personales y materiales al 100 %, sin discriminación de ningún tipo para fortalecer de todas todas la autonomía, la empatía, la toma de decisiones personales y con criterio propio...
Para ser éste uno de sus pilares fundamentales, ya empezamos mal.
En el cole de mi hijo, trabajan sobre el libro desde la Educación Infantil, el libro es una medida estupenda para ver cuánto tiempo ha estado sentado un niño en la silla. Se trabaja fichas y fichas hasta decir basta, se trabaja con la pintura y el lápiz cosas que representan la realidad. Pero resulta que no todos los niños tienen el mismo nivel, ni entienden de la misma forma... pero da igual, tienen que hacer el libro, que para eso los papis nos hemos gastado los euros. Además, el niño, en estas etapas aprende manipulando, experimentando, observando, ¡qué clase de aprendizaje es dedicarse exclusivamente a rellenar, puntear, trazar, pegar gomets! eso es solo una pequeña parte de lo que es capaz de hacer un niño. ¿Qué hay de trabajar en grupo, de jugar con la arena, de conectar con el entorno, de manipular hojas, frutos, comida? eso no se suele hacer en el aula, eso se deja para las clases extraescolares o para casa.
Teniendo presente que la educación se establece fundamentalmente en nuestras casas, creo que el resto del tiempo que está en el cole debería ser igual de enriquecedor.
Hace poco oí hablar de un colegio, se llama Trabenco y está en un municipio del sur. Estuve informándome y ví, que según mi criterio, este es el tipo de colegio que querría para mi pequeñajo.
Este colegio comenzó gracias a la asociación de padres que reunieron el dinero suficiente para crearlo. Ahora es un colegio público.
Éstas son sus señas de identidad:

a- Libre expresión y creatividad
Pensamos que la libertad de opiniones y el debate constructivo deben presidir siempre las relaciones, propiciando así que el ambiente del colegio y el aula facilite la espontaneidad y la creatividad individual y colectiva, creando un clima afectivo y relajado indispensable para conseguir seguridad, confianza y aceptación de cualquier diferencia de orden social, cultural, lingüística o personal que pueda darse en el seno del grupo.
b- Actitud crítica
Entendemos que todos los alumn@s del centro, independientemente de limitaciones cognitivas o de otro tipo, deberían terminar su escolaridad teniendo una visión clara del mundo que les rodea y estar preparad@s para entenderlo, analizarlo críticamente y actuar de forma constructiva en cada contexto.
La observación, el análisis, el razonamiento, las opiniones libres, el establecimiento de conclusiones y la toma de decisiones serán instrumentos básicos para el desarrollo de esta actitud crítica.
c- Responsabilidad y solidaridad
En Trabenco priorizamos la educación en valores. Y el primer valor a trabajar cotidianamente es el de la libertad, porque su ejercicio nos ayudará a ser responsables y solidarios. Pensamos que nadie puede ser responsable si no es en un ambiente de libertad para actuar, para elegir entre distintas opciones, para hacer propuestas, para estudiar y profundizar sobre aquello que más nos motiva, para analizar y evaluar los avances. La responsabilidad individual y de grupo nos permite ser solidarios porque concebimos al otro con los mismos parámetros que nos concebimos a nosotros mism@s. Este es el principio de un compromiso social que este proyecto asume de manera decidida.
d- Valoración de la diversidad- Una escuela para tod@s
En nuestro entorno la diversidad cultural es un hecho, sobre todo si asumimos la cultura no sólo como un conjunto de creencias, valores, actitudes y normas que comparten un grupo socialmente identificado, sino también como todos los elementos que de manera activa o pasiva interaccionan en la existencia de un individuo desde el punto de vista del presente, el pasado y el futuro.
La diversidad supone hablar de igualdad de oportunidades, de toma de decisiones en torno a los valores y de las relaciones de dominación que imperan en los contextos en donde interactuamos las, naturalmente, personas diversas. Nuestra escuela quiere responder socialmente, a la complejidad y diversidad social (no puede aislarse), apostando por la cooperación, el respeto, la convivencia, la solidaridad, la libertad.
e- Aprender investigando
Los procedimientos de innovación y de investigación en el aula están presentes en nuestra escuela. Enseñar y aprender desde esta óptica supone asumir los principios constructivistas y, por tanto, priorizar metodologías que procuren la curiosidad, la búsqueda, el planteamiento de hipótesis, la reestructuración de lo aprendido, la autonomía, ... También supone, desde la labor del profesorado, investigar los problemas de la práctica del aula, reflexionando y avanzando en el desarrollo profesional.
f- Gestión democrática y participativa

Trabenco, coherente con su historia y su modelo educativo, es un centro que valora la gestión democrática y la participación de todos los miembros de la comunidad educativa como algo indispensable. Familias y profesorado comparten el proyecto y se responsabilizan, desde los distintos roles, de su desarrollo.


Y ésta, su web.

Y no es mi intención darle publicidad, como ya digo, mi peque está en otro colegio, pero sin duda alguna, mi criterio sobre la educación va más en la línea de un colegio para tod@s donde cada miembro de la comunidad educativa esté implicado y centrado en los mismos objetivos. Ya que somos todos responsables de la educación integral de nuestros hijos, de esta generación de pequeñajos y pequeñajas ¿no es mejor tener criterios aunados y que no generen incongruencias en un mismo individuo?



martes, 22 de septiembre de 2009

¿NIÑOS ACCIDENTABLES O PADRES IRRESPONSABLES?

El fin de semana pasado me vi de nuevo metiéndome en el coche, por la noche y de camino a urgencias pediátricas porque mi hijo se había dado un golpe en la cabeza y se había hecho una herida bastante profunda. La situación fue la siguiente, estábamos en el campo, con toda la familia cenando y cuando digo toda, me refiero a unas 20 personas y 6 niños (entre ellos mi hijo), durante la cena su padre y yo nos turnábamos para vigilar a nuestro hijo desde la sombra, eso sí, no fuese que le cortásemos el "rollo" juego con sus primos por nuestra sobreprotección.
Después, mientras recogíamos la mesa, me dispuse a fregar mientras mi marido seguía recogiendo y delegamos la responsabilidad de "vigilancia" al abuelo que se prestó encantado a hacer carreras con los peques por el patio. De pronto, oí un grito que me llamaba, salí despavorida dejando los platos cubiertos de jabón y ví al peque sangrando. La sangre le resbalaba por la frente y la mejilla izquierda. En ese momento pensé "esa sangre no es la suya" ya ves tú, lo que hace el cerebro para negar la realidad.
Me acerqué, tomé en brazos al peque, le llevé al baño, me lavé las manos y le limpié la herida con agua y jabón. Pude apreciar una pequeña herida, muy profunda que no dejaba de sangrar.
En ese momento, me acordé de lo que escribió en una entrada de su blog "Diario de una mamá pediatra" y que os dejo
aquí.
En el intervalo de 4 meses mi hijo ha tenido dos golpes importantes, uno el que le supuso 6 puntos de sutura encima de la ceja y otro éste, al menos, eso me pareció al observar la herida. En el coche, de camino al hospital me sentía fatal, me preguntaba a mi misma qué estaba haciendo mal para vernos en esta situación de nuevo, yendo a urgencias con el niño por tener una importante herida ... ¿era producto de una casualidad o fruto de haber dejado al cargo de otro adulto a mi hijo?...
Nos atendió la pediatra de urgencias y le comenté cómo se había producido el golpe, lo cierto es que había sido de un modo realmente tonto, ya que el peque, después de correr, se había apoyado en la pared para descansar, dejó caer la cabeza sobre un tubo de metal, una arista sobresalía del tubo y se le clavó en el cuero cabelludo produciéndole un corte superficial pero con cierta profundidad en el centro... le añadí a mi explicación "al final, va a ser un niño accidentable" y la pediatra me respondió "no te preocupes, que tu hijo se caiga porque juega, salta o corre sólo significa que es un niño sano. No te sientas mal por eso".
Sus palabras fueron como un bálsamo a mi conciencia de madre, al menos eso era lo que necesitaba oir en esos momentos.
Cuando me ocurren estas cosas con mi hijo, cosas que se escapan de mi control, cosas que creo que debía haber previsto, me siento realmente mal o quizá el miedo se apodera de mi por un momento. Por un instante soy más consciente que nunca de nuestra vulnerabilidad, aún peor, siento que mi hijo solo por el hecho de vivir está expuesto a situaciones que le pueden hacer daño... Ser consciente de eso, aunque sea de un modo puntual, es duro.
Afortunadamente ya pasó: El peque con su pequeña herida casi curada (sin puntos) y nosotros asumiendo nuestro papel de padres e intentado disfrutar de él siempre, sin pensar mucho en los miedos, esos que le atenazan a uno cuando sabe que el ser que más quiere en este mundo es un ser humano, tan fuerte o tan débil como nosotros.