Hemos estado de vacaciones con unos amigos que tienen un peque de 1 año y algunos meses. Me gustaría decir que mi hijo se ha comportado como todo un niño mayor y ha sabido adaptarse a un niño más pequeño que recibía más atenciones que él, pero previsiblemente no ha sido así: ha estado irascible, ñoño, demandante, cabezota, caprichoso, antipático y un gran número de desagradables etc. Ha puesto a prueba nuestra paciencia y efectivamente, hemos conseguido lidiar con su mal humor de la mejor manera que hemos podido, le hemos hablado con cariño, intentando hacerle entender el porqué de cada situación y queriéndole mucho y además demostrándoselo (atendiendo al dicho de quiéreme cuando menos lo merezca que será cuando más lo necesite). Mal que bien, hemos conseguido no gritarle ni enfadarnos... Pero pareciera que la intensidad de su enfado crecía proporcionalmente a la intensidad de nuestros afectos.
Llegamos a casa el sábado, deseando volver a la normalidad y deseando recuperar a nuestro amoroso y cariñoso retoño, pero ¡sorpresa! no ha sido así. Su carácter sigue siendo arisco y déspota, todo ello unido a sus 39 º C de fiebre, la labor de educar se está convirtiendo en ardua...
Veremos cómo va evolucionando la situación a lo largo de la semana.
Llegamos a casa el sábado, deseando volver a la normalidad y deseando recuperar a nuestro amoroso y cariñoso retoño, pero ¡sorpresa! no ha sido así. Su carácter sigue siendo arisco y déspota, todo ello unido a sus 39 º C de fiebre, la labor de educar se está convirtiendo en ardua...
Veremos cómo va evolucionando la situación a lo largo de la semana.