... Y prometo no generar demasiadas diferencias en cuanto a género... aunque tampoco seré como esos padres que ocultan el sexo de sus hijos para no crear ninguna predisposición por este tema en cuanto a su comportamiento.
¡Es niña! - esto es lo primero que he dicho al llegar al trabajo.
¡Qué bien! - ahora ya podrás empezar a mirarle vestiditos... y comprarle toooooodo rosa.
¡Rosa??, ¿vestiditos??!- he pensado.
Uf! me temo que yo nunca he sido ese tipo de "niña". Yo he sido más bien tirando a brutota... y no en sentido despectivo... brutota comparándome con otros "niños". Siempre me ha gustado jugar a lo "bestia". Me recuerdo en la Finca de mi abuela tirándome entre la "cebada", lanzándome a la "alberca" sin saber apenas nadar, cogiendo a los gatillos que se me lanzaban cual tigres hambrientos, soltando a los perros porque me daba pena verles atados, metiéndole la mano en la boca a los becerros y cogiendo huevos mientras espantaba a las gallinas y a la edad de 4 añitos, con las manos cortadas de tanto meterlas en el frío y callos en los pies por andar descalza por ese camino manchego de la Finca ... vaya! bastante asilvestrada.
Nunca me gustó hacer corrillo en el patio del colegio para hablar de la Música de los 40 Principales y de lo bueno que estaba David Sumers, ni tampoco estaba al día de moda, ni peinados... Y aunque de verdad intentaba integrarme al máximo, me aburría tremendamente y me perdía en estas conversaciones de mis compañeras, conversaciones para mi anodinas que se iban diluyendo en el recreo mientras mi mente se escapaba hacia otros lugares en los que yo aprendía a montar a la Yegüa que tenía mi tío en la Finca, con nombre Sultana y con la que finalmente troté aprendiendo a montar a pelo mientras ella pastaba tranquilamente entre las alpacas.
Me he sentido más cómoda con mis primos y mi hermano y sus amigos que con el resto de mis congéneres féminas... no sé por qué y tampoco le busco una explicación.
Con mi hijo es prácticamente lo mismo que con mi hermano: nos entendemos, simplemente. Mi peque y yo nos llevamos bien, somos como el guante a la mano. Me gusta su conversación, sus reacciones, sus juegos, sus inquietudes... muchas veces, cuando se le rompe algún juguete, acude a mi para que se lo arregle... incluso a su padre, alguna vez que se la he roto algo le ha dicho "dáselo a mamá, que ella sabe arreglarlo"...
Y os parecerá una tontería, pero sin querer caer en "rollitos" machistas y feministas, el hecho de saber que voy a tener una "nenita" hace que me sienta en cierto modo insegura.
¿Seré un buen modelo para ella?
Espero que sí... y espero que esta "tontería" que me entró en el cuerpo se disipe tan pronto como mis hormonas se centren un poco.
Las cavilaciones de una ciudadana común... que a veces camina con firmeza y otras veces dudando.
lunes, 6 de febrero de 2012
jueves, 19 de enero de 2012
TRABAJO, TRA BAJO, TRAB arrrrgggjjjjj oh...
El trabajo dignifica, ¡es así! ¡yo no soy quien vaya a decir lo contrario!... sobre todo en estos tiempos que corren.
... Una vez solventado el posible error de entendimiento y siendo del todo conscientes de que trabajar hoy en día es un lujo (sea donde sea que estén tus huesos)... tengo que ser sincera y decir que ... estoy cansada de los sistemas de dirección piramidal :( y tener que lidiar con gente que prospera en sus puestos porque ponen buena cara a cambio de un par de "cafés" al día. No puedo. No sirvo. Y así me va... Soy incapaz de "promocionarme" siendo una fachada falsa de halagos al jefe. No sirvo para impulsarme gracias a una estupenda e hipócrita campaña de marketing. Mi perfil es el que es: trabajadora, humilde, tímida, constante, implicada, incluso dando más de lo que me dan... si me apuras ¡un chollito! peeeero ... ¡que no! que no me sale eso de "crecer" a base de hacer la "rosca" al de arriba o pisotear al de al lado y/o "voceando" a los cuatro vientos mis logros, mis golpes de ingenio y solvencia.
Me gusta la sencillez y me gusta que valoren mis méritos por mi trabajo real, por mis prestaciones a la empresa y beneficios obtenidos ... no por el peloteo en un juego sin pelota.
Frustrada por hacer el trabajo en la sombra, por servir de "parcheadora" cuando los "marrones" asoman por la puerta, por ser buena compañera e intentar no tener dobleces... por poner las cartas sobre la mesa mientras los demás conservan su "as" en la manga.
Comprobando que la mejor manera de seguir adelante, es haciéndote la tonta, fingir que no te das cuenta de ser la persona más barata del lugar. Intentando aprender a tocar la pandereta al compás de la chirigota y hasta ponerte la peineta por montera para perderte en una cortina de humo...
Quizá no encuentre nunca el consuelo... quizá sí ... porque tengo la ligera sospecha de que no soy la única "rara" que circula por el mundo laboral pretendiendo ganarse el pan de forma honesta, siendo simplemente una pieza rentable dentro de una empresa que pasa olímpicamente de los buenos trabajadores mientras enfoca su "ojo de Saurón" hacia los empleadillos con complejo de rémora que se blanquean cada mañana la sonrisa para caer mejor que nadie (mientras planifican cómo escribirán el siguiente guión para su película).
martes, 10 de enero de 2012
Seres sociales
Esta mañana, hablando con una compañera me comentaba lo difícil que le parecía compaginar el cuidado de los hijos con la vida laboral... ella no es madre pero está viviendo de cerca la crianza de su sobrina.
¡Cuánta razón en sus palabras!
Me decía cómo toda una familia al completo (abuelos, tíos de la nena y por supuesto los propios padres de la pequeña) tenían que reorganizarse sus tiempos para poder hacer frente del cuidado del bebé: visitas al pediatra, comidas, horas de sueño, cambios de pañal, baños... y vuelta a empezar.
Lo cierto es que cuando alguien se plantea tener descendencia, tiene que cuestionarse muchas cosas entre ellas el tema de sus rutinas habituales ya que en el futuro, el bebé pondrá patas arriba tus tiempos. Mientras la mamá está de baja por maternidad (y también el papá en esos escasos días de "permiso por paternidad") la pareja puede "medio" organizarse sin tener que tirar tanto de los familiares más cercanos... pero cuando hay que incorporarse al trabajo tras los 4 meses de crianza intensiva todo cambia.
Ya hemos hablado mil veces de la dificultad de conciliar vida familiar y laboral ... pero una cosa es hablarlo y otra vivirlo de primera mano.
En mi caso, mis padres se ofrecen siempre encantados a echar una mano. Siempre intento no abusar y no delegar en ellos el cuidado de mi hijo, pero siempre siento que a pesar de mis intentos, acabo apoyándome en ellos en muchas ocasiones. Por horario son ellos quienes recogen al peque del cole y le dan de merendar. Cuando enferma, le cuidan los días en los que debe guardar reposo. Y desde luego, en el futuro, cuando nazca su hermanit@, los días en los que estemos en el hospital...
Y me siento profundamente afortunada por tenerles y por sentir que ellos son felices con su nieto, que no lo sienten un lastre o una carga pesada u obligada.
Sé que como yo hay muchas familias que se apoyan en sus padres para poder organizarse para crear un clima afectivo y adecuado para los niños.
En realidad, si revisamos nuestra pre-historia, los humanos nos hemos organizado en grupos que han sido los que nos han posibilitado nuestra supervivencia. Vivir dentro de una comunidad estructurada permitía el desarrollo de la misma.
Yo recuerdo cómo mi propia madre nos dejaba alguna tarde en casa de la vecina o la vecina nos dejaba a sus hijos para poder hacer alguna gestión.
Ahora hemos perdido quizá esa cercanía fuera de los propios familiares y quizá ese desapego social nos dificulta en parte la crianza de nuestra prole.
Yo en mi caso, solo "acudo" a mis padres como primera opción... pero no estaría nada mal poder volver a nuestros orígenes ¿no creéis?
Por cierto, os dejo una foto del triponcete de 16 semanas de gestación... ¡y el tiempo sigue pasando!
Lo cierto es que cuando alguien se plantea tener descendencia, tiene que cuestionarse muchas cosas entre ellas el tema de sus rutinas habituales ya que en el futuro, el bebé pondrá patas arriba tus tiempos. Mientras la mamá está de baja por maternidad (y también el papá en esos escasos días de "permiso por paternidad") la pareja puede "medio" organizarse sin tener que tirar tanto de los familiares más cercanos... pero cuando hay que incorporarse al trabajo tras los 4 meses de crianza intensiva todo cambia.
Ya hemos hablado mil veces de la dificultad de conciliar vida familiar y laboral ... pero una cosa es hablarlo y otra vivirlo de primera mano.
En mi caso, mis padres se ofrecen siempre encantados a echar una mano. Siempre intento no abusar y no delegar en ellos el cuidado de mi hijo, pero siempre siento que a pesar de mis intentos, acabo apoyándome en ellos en muchas ocasiones. Por horario son ellos quienes recogen al peque del cole y le dan de merendar. Cuando enferma, le cuidan los días en los que debe guardar reposo. Y desde luego, en el futuro, cuando nazca su hermanit@, los días en los que estemos en el hospital...
Y me siento profundamente afortunada por tenerles y por sentir que ellos son felices con su nieto, que no lo sienten un lastre o una carga pesada u obligada.
Sé que como yo hay muchas familias que se apoyan en sus padres para poder organizarse para crear un clima afectivo y adecuado para los niños.En realidad, si revisamos nuestra pre-historia, los humanos nos hemos organizado en grupos que han sido los que nos han posibilitado nuestra supervivencia. Vivir dentro de una comunidad estructurada permitía el desarrollo de la misma.
Yo recuerdo cómo mi propia madre nos dejaba alguna tarde en casa de la vecina o la vecina nos dejaba a sus hijos para poder hacer alguna gestión.
Ahora hemos perdido quizá esa cercanía fuera de los propios familiares y quizá ese desapego social nos dificulta en parte la crianza de nuestra prole.
Yo en mi caso, solo "acudo" a mis padres como primera opción... pero no estaría nada mal poder volver a nuestros orígenes ¿no creéis?
Por cierto, os dejo una foto del triponcete de 16 semanas de gestación... ¡y el tiempo sigue pasando!
jueves, 15 de diciembre de 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
Las pequeñas cosas.
¿Sabéis qué?
En esta fase en la que me encuentro, quiero decir, en estas semanas en las que he ido viviendo un embarazo de "guía", con mis náuseas en el desayuno, comida, merienda y cena... cansancio constante, sueño permanente, cambios de humor... he tenido que tomarme la vida con algo de más calma, obligándome a cuidarme ¿qué digo? a mimarme hasta el extremo, a pensar en mi misma en primer lugar, me he dado cuenta de cómo disfruto con las pequeñas cosas.
Me he deleitado con un chorrillo de agua caliente sorprendiendo mis frías manos mientras fregaba los platos.
He disfrutado del roce de la almohada en mi cara en la temprana noche.
Me ha envuelto el aire de la mañana con fondo de neblina mientras preparaba el desayuno.
No he necesitado mucho más. Eso y la tranquilidad de mi casa, un remanso de paz con la voz de mi hijo de fondo mientras jugaba. Nada más. Ni salidas a ningún lugar lejano, ni artificiosas luces navideñas.
Los paseos por el pueblo anocheciendo y el ladrar de los perros en la distancia han sido mis compañeros de fiesta y ha sido suficiente.
Eso y la compañía de mi familia.
Mis momentos de felicidad, tan sencillos y tan llenos de mi vida.
En esta fase en la que me encuentro, quiero decir, en estas semanas en las que he ido viviendo un embarazo de "guía", con mis náuseas en el desayuno, comida, merienda y cena... cansancio constante, sueño permanente, cambios de humor... he tenido que tomarme la vida con algo de más calma, obligándome a cuidarme ¿qué digo? a mimarme hasta el extremo, a pensar en mi misma en primer lugar, me he dado cuenta de cómo disfruto con las pequeñas cosas.
Me he deleitado con un chorrillo de agua caliente sorprendiendo mis frías manos mientras fregaba los platos.
He disfrutado del roce de la almohada en mi cara en la temprana noche.
Me ha envuelto el aire de la mañana con fondo de neblina mientras preparaba el desayuno.
No he necesitado mucho más. Eso y la tranquilidad de mi casa, un remanso de paz con la voz de mi hijo de fondo mientras jugaba. Nada más. Ni salidas a ningún lugar lejano, ni artificiosas luces navideñas.
Los paseos por el pueblo anocheciendo y el ladrar de los perros en la distancia han sido mis compañeros de fiesta y ha sido suficiente.
Eso y la compañía de mi familia.
Mis momentos de felicidad, tan sencillos y tan llenos de mi vida.
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