miércoles, 18 de septiembre de 2013

Pisto Manchego

Ayer me sorprendí a última hora de la noche, con escaso tiempo para hacer nada y menos ganas aún de hacer la cena, abriendo una joya de la corona, un recipiente al baño María, hecho hace unos meses por mi padre, su contenido: pisto manchego.
He de reconocer que no soy muy fan del pisto y eso que lo he comido infinidad de veces ¡vaya si lo he comido! en casa de mis padres era un producto de consumición al que se recurría frecuentemente para hacer alguna "tapita" con pan tostado o para acompañar algún plato de carne. Por lo general, lo suelo comer sin mucho entusiasmo porque es un sabor fuerte y no acabo de cogerle el gusto, me canso rápido del sabor y no estoy muy segura de que me caiga demasiado bien al estómago.
Sin embargo anoche, anoche fue distinto...
Hace unas semanas, me hice acopio de varios botes hechos por mi padre, tomate y pisto y me los llevé a mi casa más como un trofeo que con afán de degustarlos.
Pero ayer fue cuando me armé de valor para abrir uno de ellos. Creedme que me temblaba el pulso de emoción. Nada más abrirlo, recibí de sopetón el "olor" de la comida de mi padre. El impacto fue brutal: cerrar los ojos y dejarse llevar por ese recuerdo, a él guisoteando en la cocina hace no tanto, su imagen nítida, su repiquetear de paleta sobre la sartén... Es intensamente doloroso y a la vez inmensamente reconfortante saber que aún ahora, sigue regalándonos pequeños placeres culinarios. Sé que a él esto le encantaría saberlo, le encantaba cocinar y vernos disfrutar con sus platos.
Creedme que no me gusta demasiado el pisto, pero ayer... ayer fue el mejor manjar del mundo. El aroma me devolvió a un pasado en el que yo estaba sentada en torno a la mesa, en casa de mis padres, hablando de cualquier cosa nimia, sí, aquella época en la que lo más importante era pensar en qué íbamos a hacer al día siguiente...

viernes, 5 de julio de 2013

1 mes

Formas parte de mis pensamientos cada día y no necesito de este día para recordarte pero he visto por la red que te han recordado papá, que han mencionado que hoy hace un mes nos dejaste.

Como siempre digo, tu pérdida ha dejado un vacío que me deja colgando en el abismo. Cada mañana al despertar y hacerme consciente de tu ausencia siento vértigo, una sensación tan intensa que me bloquea para el resto de día.

Cierro los ojos y veo tu silueta tan nítida como si fuese ayer que me despedía de ti.

Tu recuerdo, tu voz, tus palabras lo invaden todo.

Los días van pasando y ocurren cosas, cosas que me gustaría contarte. Esas cosas que tú no estás viviendo y que no querías perderte:

- Hace dos días tu nieta empezó a caminar.

- Ayer escuché el tour de francia por la radio.

- Anoche echaban una película del oeste.

- Wimbledon ya está en semifinales.

- Tu nieto ha ganado un concurso de fotografía.

- Mi huerto ya tiene los primeros tomates...

Tantas cosas de las que tan prematuramente has tenido que despedirte, que se me cuelan en el alma tal estiletes afilados.

Creéme, que aún hay momentos en los que descuelgo el teléfono para llamarte y contarte lo que me ha pasado en el día.

Y los meses se irán sucediendo, uno tras otro, goteando como siempre, como siempre pero sin ti.

miércoles, 3 de julio de 2013

MUCHAS COSAS

Me están pasando muchas cosas, muchas, tantas que no puedo manejarlas en un 99% de los casos.
Vivo en un sinvivir, en una sinrazón perpetua que pendulea entre la más pura razón y el más sinsentido emocional.
Situada en la ambivalencia de leerme todos los libros de autoayuda disponibles o cambiarme de país... Retroceder o huir hacia adelante.
Un caos de vida tan absoluto que ni yo misma me soporto un minuto más.
Parada en el cruce de caminos y tirar hacia el que me lleva a volandas a la libertad ó enfangarme en el que me ofrece una cama en la que dormir hasta que pase el chaparrón.
Con el dilema de ser la protagonista de mi vida o la observadora de cómo rueda el mundo.
Observadora desde dentro de un coche estropeado. Con las manos en el volante. Sin gasolina. Y delante de mi, millones de vehículos colapsando la autopista.

miércoles, 12 de junio de 2013

In Memoriam

No he querido escribir antes, tampoco he podido.
Quisiera que mis palabras fuesen las más bellas y profundas de todas las que jamás haya utilizado para hablar de algo o alguien, pero no me sale.
El dolor se cuela de fuera adentro y vuelve a salir por cada poro de mi piel para volver a apuñalar mi corazón.
Mi padre se ha ido. Ha luchado con uñas y dientes contra su enfermedad, lo ha hecho hasta el final, haciendo planes de futuro para tener un objetivo, pero la muerte le ha ganado.
Es en estos momentos en los que me gustaría tener fe, creer que de verdad está en un lugar mejor. Pero sinceramente, la fe la perdí hace miles de años, cuando quise que los hechos hablasen por si solos y tampoco creo que exista un lugar mejor que no sea junto a nosotros, sus hijos, sus nietos, su mujer, su vida.
Se ha ido y nos ha dejado un vacío abismal. Se ha roto una pieza fundamental de todo un engranaje y ahora debemos reorganizarnos para que la máquina siga funcionando.
La pena lo invade todo atrofiando mi alma, mi cerebro y me deja sin capacidad para reaccionar.
Y su imagen acapara toda mi atención mientras mi conciencia me grita que debo salir de ahí. Que debo reaccionar, que se lo debo a mi propia vida, a mis hijos, a todo lo que me queda por delante.
Pero el cuerpo se niega a moverse.
Tengo miedo de que pase el tiempo, cada minuto sin él es una espina clavada.
Tengo miedo a que el tiempo se detenga porque la ausencia se enquista.
Soy consciente de que tengo que reponerme a ésto, que todo pasará y que mi padre formará parte de mi memoria, de mi historia vital. Llegará el día en el que habré incorporado la tristeza de su pérdida a mi vida y podré caminar con ello. Pero de momento, se me hace terrible, injusto, brutal, sangrante.
Mi padre se ha ido y no hay retorno.
Irreversible, irrecuperable, eterno... palabras que taladran mis pensamientos cuando abro los ojos al amanecer y cuando los cierro cada noche.
El 5 de junio cambió mi vida para siempre. Hay un antes y un después, y en el resultado de este demudar de piel, estaré yo, llevando un aprendizaje a mis espaldas, sacando nuevos matices e incluso cosas buenas. Pero no me gusta el precio que se le ha puesto a esta experiencia vital.
Necesitaba a mi padre en mi vida y aún no sé cómo podré manejarme en este mundo sin él a mi lado.
Sé que lo haré, pero hoy por hoy sólo me apetece llorarle.

jueves, 4 de abril de 2013

Weird

Empiezo a sentirme rara. Y claro que no, una no se considera así encerrada entre cuatro paredes.
Mi rarunez viene de compararme con el resto o de que el resto me compare con otros.
En mis rutinas diarias, me siento rara cuando contemplo el rostro del contrario al confesar que bebo soja en vez de leche de vaca. Y que tomo cereales solubles y no café.
También tengo esa sensación cuando intento evitar comer tanta carne porque empieza a darme "cosa" tomarla.
Y eso lo puedo hacer extensivo a otras facetas de mi vida, por ejemplo cuando en el cuidado de mi niña comento que no uso "toallitas" para su higiene íntima, sino el agua fresquita del grifo. O cuando ven que siendo niña no lleva pendientes o incluso en ese momento que saco el pecho para darle de mamar con 9 meses. Cuando digo que duerme con nosotros o que no le he comprado ropa porque prefiero aprovechar lo que otros dejaron apenas sin usar.
Me siento un especímen de esos que viven en las aguas más profundas del océano, sinceramente.
Lo mismo cuando se trata de la educación de mi hijo cuando cuento que solemos ver películas con él de Berlanga o Buñuel. Cuando limito el uso de la nintendo a los sábados o que prepara el desayuno él solo y se ducha también solo desde que tenía 3 años...
No sé, creía que era más "normal". Aunque sinceramente, a estas alturas, ya no sé lo que es normal y lo que no.
Tampoco es que me importe mucho o llegue a perder el sueño por estas vicisitudes, pero sí reconozco que a veces me sorprendo a mi misma recapacitando sobre ello.
Pero sí, es curioso ser consciente de cómo cambia la opinión de la gente con respecto a ti dependiendo del contexto en el que te mueves.
Y ya fuera ironías, me considero una persona muy corriente donde la mayor parte del tiempo pasa tan desapercibida que si me veis sólo una primera vez, nunca recordaríais mi cara la siguiente :)