jueves, 30 de octubre de 2008

DEL SER

Quedé anhelando el calor de la piel que compartes conmigo.
Cada suave contacto de tus pies buscando los míos.
Cada una de mis heridas abiertas buscando tus curativas caricias.
Quedé anhelando el sudor de nuestros cuerpos.
Cada una de mis lágrimas bebidas a pequeños sorbos de impaciencia.
Cada esencia de tu aroma mezclando, diluyéndose en el mío.
Quedé anhelando tus azules ojos .
Cada pestaña mariposeando por mi cara.
Cada hueco de tus manos cubriendo con gloria el puro placer.
Quedé anhelando, deseando.
Quedé ardiendo.
Quedé anhelando, esperando.
Con ansias de alguien a quien amar.



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miércoles, 29 de octubre de 2008

CUERPOS

¡Tengo agujetas hasta en los párpados! pero la autoestima por las nubes.

Ayer por la tarde disfruté de otra sesión de pilates. Como siempre, y tras llegar a varios acuerdos con mi conciencia, me autoconvencí de que ES SALUDABLE PARA MI.

Llegué muy pronto huyendo de las obligaciones del hogar. Mereció la pena tal puntualidad. Alguien estaba detrás de mi mientras esperaba que la clase anterior finalizase:

- "¿Qué?¿hisiste dansa o qué?"

Ese acento argentino me suena, me suena... sí, el profe. Me doy la vuelta, ha llegado a la vez que yo.

- "¿Perdona?" - le pregunto, aunque en realidad ya le he escuchado la primera vez, pero quiero volver a oirle (ya dije que me vuelve loca el acento y me da exactamente igual de quien provenga)

El profesor, me repite la pregunta - "Que si hisiste dansa, lo digo, esteeee, porque tenés un gran potensial"

¡Dios! Estos son los comentarios que me gustan y necesito oir. ¡Que un profesor de pilates, alabe mi potencial gimnástico! Intento que no se note demasiado el pavo que se me ha subido y le contesto absolutamente impertérrita.

- "Sí, sí, hice ballet desde los 4 años y lo dejé a los 12 aproximadamente"

- "Vaya, se nota, se nota. Lo digo por la elasticidad que tenés, y la fuersa. Evidente que tenés un cuerpo trabajado. " - vuelve a decirme.


¡Bueno, bueno! que tengo potencial, elasticidad y fuerza y además él se ha dado cuenta y me lo está diciendo a mi... a mi, a la gordita niña de 3 años que empezó a hacer ejercicio para controlar el peso, a la pre-pre-adolescente entradita en carnes que sentía vergüenza de su cuerpo, a la adolescente acomplejada que se vestía con camisetas XXL para disimular el sobrepeso, a la adulta siempre a dieta. ¡A MI! noté una suave caricia en mi alma, sentí que acaba de sentir algo que nunca había sentido, ¡empezaba a amar mi cuerpo!

Empezó la clase y lo di todo. Me estiré, me contraje; me relajé y tensé al máximo y para mi asombro, mi cuerpo me siguió el ritmo, llegué al límite de mis fuerzas y cada músculo reaccionó adecuadamente. ¡Era verdad! no me había dado cuenta hasta ese momento. Había estado toda mi vida mirando en otra dirección, había estado odiando esa grasa que se me acumulaba en las caderas y en la tripa, que me hacía la cara gorda y los brazos redondones... y me había pasado completamente desapercibido que mi cuerpo siempre había estado ahí, incondicionalmente, respondiendo como podía a mis movimientos para que le quisiese. Y yo, no le había querido y ni siquiera le había mirado frente a frente.

Abrí los ojos ante mi. Y lo vi, vi ese cuerpo... y también me fijé en los cuerpos de los demás... no éramos tan diferentes unos de otros.

Volví a mirarme de frente, de lado... "ummmmm, no está mal. Ese cuerpo mío, que se refleja en todos los espejos de la pared... se mueve acompasadamente, sus movimientos son fluídos y rítmicos, parece que baile en vez de moverse. Y eso me gusta... me gusta mucho"- pensé.

Acabé la clase con una gran sonrisa que todavía hoy no se me ha borrado de la cara.



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martes, 28 de octubre de 2008

ELLA

Érase que se era, una mujer que vivía con una hora de retraso.
Desayunaba todos los días a las 8.00, y se levantaba de la cama a las 9.00.
Empezaba a trabajar a las 9.00 y llegaba a las 10.00.
A las 16.00 se tomaba el descanso, y como solo servían comidas hasta las 15.00, nada más llegaba al postre y en vez de comer, merendaba.
Como tarde había llegado, al final tenía que fichar una hora de más y en vez de terminar a las 18.00 salía a las 19.00.
La hija, su "pequeña" adolescente, salía de entrenar a las 19.00, pero ella llegaba a las 20.00. Allí se quedaba en la puerta, esperando a su madre.
Primero llegaba la sombra y después ella, callada y despeinada. Recogía a su hija y descaminando los minutos iban hasta la parada del bus que perdían (había pasado un segundo antes).
Una vez en su casa y pasada una hora, ella pedía perdón a su hija. Pero la hija, que vivía con un día de antelación, ya la había perdonado el día de antes.
La mujer de la hora de retraso, nunca se casó con su marido. Llegó tarde a su boda, exactamente una hora más tarde.
Érase que se era, un hombre que vivía con tres meses de posterioridad.
Tres meses después de no amarla le pidió a la mujer en matrimonio. Pero antes de casarse, ella se quedó embarazada porque hasta una hora después no se enteró que debía tomar precauciones.
Él ya sabía que no la quería exactamente 90 días después de tener la fecha de la boda, pero ella no se enteró hasta una hora después de estar esperando en el altar.
Las lágrimas acudieron a sus ojos a los 60 minutos del plantón, cuando ya no había nadie para consolarla.
Érase que se era, una mujer que andaba estresada por la vida. Llegando tarde a todos los sitios, sintiendo tarde todas las emociones. Tenía a esa hija que vivía antes de tiempo y que maduraba un día antes. Esta hija le hizo un regalo a su madre la víspera de su cumpleaños:
- "Toma mamá, un regalo" - le ofreció efectivamente 24 horas antes de lo previsto.
La madre no reaccionó en principio hasta pasado su tiempo de rigor. Después movió la mano hacia adelante para recoger el paquetito de la mesa.
Tic, tac, tic, tac
- "Y ese ruido ¿qué será?"
Tic, tac, tic, tac
La mujer, muy intrigada, abrió el regalo, tan bien embalado, en papel morado y tan chiquitito.
Era una esfera, con números del 1 al 12, con una aguja grande, una pequeña y otra más fina que no paraba de moverse y por detrás, una inscripción:
"USA EL RELOJ. Te quiere, tu hija."
La mujer de la hora de retraso, nunca más llegó tarde, ahora le llamaban "la mujer puntual".
Pasó el tiempo de forma muy uniforme, y llegó el 16 cumpleaños de su hija, el mismo día, a la misma hora de su nacimiento de hace tanto tiempo le entregó el regalo:
- " Toma hija, un regalo" - le dijo ofreciéndole un exacto paquete.
La hija, ya lo había descubierto un día antes, guardado en el cajón de su mesilla. Pero esperó muy impaciente para respetar a su madre. Con velocidad del rayo, hizo trizas el papel de color añil. Dentro, había una nota.
" USA EL CALENDARIO. Te quiere, tu madre."
Érase que se era, dos mujeres que nunca más se adelantaron, ni se retrasaron y que aprendieron a vivir el día a día simple y llanamente.

lunes, 27 de octubre de 2008

ÉL

Aquel día llovía más en su alma que en la calle.
A pesar del paraguas, quedó su corazón encharcado.
Un espejo en una pequeñísima tienda, le devolvió algo que vió sólo por el rabillo del ojo:
Un hombre todavía joven con grandes y profundas líneas horizontales martirizando su frente.
Cada movimiento de su cuerpo le envejecía y cada cabello de su sién se hacía más gris cuanto más pasaban los segundos.
- "Es ÉL" - pensó con miedo.
Volvió a mirar de soslayo.
- "¿Es ÉL?" - intentó asegurarse.
Reunió todo el valor que se le había escapado en cada suspiro y se acercó aún más.
- "No, no es él. Soy yo."
Aquella imagen, viva imagen del presente, era la suya.
Él, tan impetuoso siempre, se había desinflado como un globo de feria.
Se había quedado solo.
Se había quedado anclado.
Se había quedado inmóvil.
Sin esos ojos de mujer que siempre le habían devuelto la mejor imagen de sí mismo.

domingo, 26 de octubre de 2008

"MÚSICA DE LA NATURALEZA": EL TOP TEN DE LA SEMANA

Hay que alimentar el espíritu y también el cuerpo así que hicimos filetes empanados y una tortilla de patatas y olé y nos fuimos a la sierra... a ver setas.

El viernes por la tarde no estaba yo muy por la labor de irme de excursión a 1 hora hacia el norte de San Agustín de Guadalix.

El plan era acostarse pronto y levantarse el sábado a las 7.30 de la mañana. No se cumplió -como es lo acostumbrado- ya que nos fuimos a dormir de madrugada y nos levantamos media hora después de lo previsto. Sin embargo, fuimos cumpliendo con el itinerario hasta llegar a un pueblecito de Guadalajara.

Anduvimos acompañados de un aire tan puro que hasta los pulmones se quejaban de tan acostumbrados a la contaminación. Nos llenamos de ver, sentir y caminar arriba, abajo y en diagonal. Adentrándonos en un pequeño bosque, buscamos un lugar en el que reponer fuerzas y sentados sobre el suelo, supimos de la inmensidad de la tierra. Empezamos a sentirnos tan pequeños como los diminutos escarabajos que poblaban aquel lugar y se apoderó de nosotros el silencio. Entonces fue cuando escuchamos esa música, de gran calidad, en dolby surround... la suave brisa jugando con los guijarros de los árboles, el crujir de la madera cediendo a la humedad, algunas aves llamándose avisando de nuestra presencia, caída de piñas contra un manto de cortezas, el fino hilo del agua jugando a esconderse de los cantos rodados. Armonía instrumental sin desentonar una sola nota.
Me alegré del paisaje, del paseo y de la compañía y desde ese instante supe que debería salir más a menudo a escuchar música en vivo.