Las cavilaciones de una ciudadana común... que a veces camina con firmeza y otras veces dudando.
viernes, 27 de febrero de 2009
miércoles, 25 de febrero de 2009
LA MAMÁ QUE QUERÍA SABER QUIÉN SE HABÍA HECHO "AQUELLO"
No me gusta llevar al enano al parque... es bastante común ver los sitios de juego de mi ciudad no sólo bastante deteriorados sino además llenos de desperdicios de comida, bolsas, colillas, cáscaras de pipas, toallitas, pañales, envoltorios varios, pañuelos de papel... De verdad que no soy de esas madres a las que no les gusta que el niño se ensucie, me gusta verle jugar en la arena, o en el césped, me gusta que pise los charcos en invierno, me gusta que se tire por la nieve y se reboce hasta las cejas, pero no me gusta en absoluto que tome entre sus manos un palillo de dientes usado, o un güito de aceituna, o un envase de yogurt y como no me gusta, pues no le llevo a los parques. Lo que sí hacemos es pasear e intentar encontrar un sitio libre de carreteras o que tenga algún matorral que represente lo poco de naturaleza que queda a nuestro alrededor.
Por eso, fuimos a dar un paseo cerca de su colegio a ese pedacito de descampado en el que crece
Al poco de estar allí pude observar la cantidad de excrementos perrunos que campaban a sus anchas. Lo ví y sinceramente, preferí mirar para otro lado y no advertir al nene para que estuviese atento... en fin, era un momento de relax y si los parques no son nuestro "sitio" pues que lo fuese aquél incluso con pegotes caquiles.
Pues sí, al llegar a casa, el olor de la zapatilla delataba claramente que la mierdecilla silvestre se había pegado tal chicle a la suela... Me entra un calor por el cuerpo que tengo que hacer verdaderos esfuerzos porque el mal humor no me haga cometer un asesinato.
No es la primera vez que me pasa (y no será la última) que todavía mi cerebro conserva la imagen de cuando el peque estaba dando sus primeros pasos, le sacamos a la calle y dió un tropezón con tan mala suerte que fue a caer de bruces a una caca de perro.
No es la primera vez que me pasa (y no será la última) que todavía mi cerebro conserva la imagen de cuando el peque estaba dando sus primeros pasos, le sacamos a la calle y dió un tropezón con tan mala suerte que fue a caer de bruces a una caca de perro.
Ya está bien ¿no?
¿Os ha pasado a vosotros? Contadme vuestras escatológicas experiencias.
Fotos sacadas del cuento "El topo que quería saber quién se había hecho "aquello" en su cabeza"
martes, 24 de febrero de 2009
ACUNANDO
Déjame que te susurre al oído que te quiero, que quiero guardar tu sueño mientras duermes.
Te miro, redondeo con mis ojos tus pestañas, tus párpados cerrados acunados por un ritmo somnoliento de latidos. Me pregunto qué soñarás mientras te observo.
Repaso lentamente la suavidad de tu piel, tu naricilla recibiendo el aire al respirar, la boca entreabierta dibujando una leve sonrisa.
Y tus pequeñas manos, tan perfectas con esos deditos tan parecidos a los de papá.
Acurrucadito entre las sábanas, sintiéndote tan seguro.
Deja que me quede con este recuerdo, que conserve esta imagen, que piense que eres sin duda lo mejor que he hecho en la vida.
Te beso suavemente para no romper tus sueños y dejo junto a tu almohada un pedacito de alma. Y mi corazón que siempre va contigo a todas partes, que se fue contigo cuando llegaste y que siempre te acompaña.
lunes, 23 de febrero de 2009
EL PISOTÓN
Él era de la ciudad de Medellín. Hacía ya tiempo que sabían de los ordenadores y la banda ancha, mucho antes que en España ya que les llegaba todo lo último de EEUU. Vino a Madrid persiguiendo el amor y al final el amor no le encontró a él.
Ese día, llegó a Atocha Renfe y enfiló las escaleras mecánicas dirección al metro, desde donde estaba tenía que hacer muchos transbordos y era plena hora punta, las 8.30 de la mañana.
Tomó aire y el resto de aparejos para hacer su trabajo, él era autónomo y pintor. Se había dejado su furgoneta en casa, con una rueda pinchada y en el andén de la línea 1 de metro, más gente de la que cabía en los vagones.
Dejó pasar varios trenes imposibles de cargarse más y finalmente, al tercer intento consiguió hacerse un pequeño hueco entre una mujer que leía "La fiesta del chivo" y un señor que leía "20 minutos"... Con cada estación, más gente entraba y menos salía y a empujones le relegaron contra una agarradera sin poder casi respirar.
Tenía que pintar una casa y ya iba bastante tarde, pasó por empujones, pisotones, codazos, hasta se le cayó el material más de una vez, pero como en el metro empezó el principio de deshumanización, nadie le ayudó.
Ese día, llegó a Atocha Renfe y enfiló las escaleras mecánicas dirección al metro, desde donde estaba tenía que hacer muchos transbordos y era plena hora punta, las 8.30 de la mañana.
Tomó aire y el resto de aparejos para hacer su trabajo, él era autónomo y pintor. Se había dejado su furgoneta en casa, con una rueda pinchada y en el andén de la línea 1 de metro, más gente de la que cabía en los vagones.
Dejó pasar varios trenes imposibles de cargarse más y finalmente, al tercer intento consiguió hacerse un pequeño hueco entre una mujer que leía "La fiesta del chivo" y un señor que leía "20 minutos"... Con cada estación, más gente entraba y menos salía y a empujones le relegaron contra una agarradera sin poder casi respirar.
Tenía que pintar una casa y ya iba bastante tarde, pasó por empujones, pisotones, codazos, hasta se le cayó el material más de una vez, pero como en el metro empezó el principio de deshumanización, nadie le ayudó.
Por fin llegó a su parada, el Metro Colombia y se sintió por un instante algo mejor, casi como en su hogar. Hasta que llegó a la dirección que tenía escrita en un papel y le miraron mal, por llegar 15 minutos tarde.
Para él, cada día era una lucha y su cuerpo se lo recordaba llenándole la cara de precoces arrugas y encongiéndole cada vez más.
Y así pasó un día y otro entre atropellados pasos y bruscos empujones. Él iba menguando, menguando, menguando.
Al tiempo, llegó a Atocha Renfe de nuevo y se dirigió al metro, a su línea azul, la línea 1. Apenas llegaba a los escalones de lo pequeño que era, de tanto no mirarle, de tanto maltratarle, se había vuelto diminuto a los demás. Fue, como siempre, dejando pasar a los demás usuarios que parecían tener más prisas que él y al ir a pasar al vagón de siempre, alguien, mucho más grande que él se le adelantó, levantó su magnífico zapato y ¡plof! lo aplastó como una hormiguita.
Nunca más se supo de él. Ni la señora a la que pintaba la casa se extrañó de que jamás llegase a acabar su trabajo y así sin más lo reemplazó por otro; ni sus compañeros de piso notaron el vacío de su compartida habitación; ni el panadero al que siempre le encargaba una hogaza de pan de pueblo bien tostada pensó qué fue de él; ni su comadre de la tienda a la que compraba arepas se acordó de él.
Nadie, ni siquiera su furgoneta pinchada que pronto fue desvalijada, le lloró.
miércoles, 18 de febrero de 2009
PISTOLAS, ESCOPETAS Y DEMÁS JUGUETES BÉLICOS
Ayer, al ir a recoger al peque se me presentó una disyuntiva importante, para mí BASTANTE IMPORTANTE.
Mi hijo me pidió un juguete como el que llevaba su amigo Mario. Héte aquí, que el juguete era una imitación de las pistolas de los vaqueros del lejano Oeste o far far West. En la petición , me sorprendieron dos cosas: la primera que me pidiese que le comprase algo (cosa que nunca hace) y la segunda, que mostrase interés por un juguete de esas características.
Así que, ahí andaba mi pequeño, esperando una respuesta de su madre que luchaba entre unos sólidos principios pedagógicos y otro no menos sólido pensamiento: "menuda gilipollez no comprarle la pistolita si le hace ilusión y nunca me pide nada".
Creo que en la labor que estamos teniendo su padre y yo en la educación del enano queda evidente que no somos partidarios de la violencia para solucionar conflictos, que la mayoría de las veces dialogamos y llegamos a acuerdos (salvo el día que te pilla el pie cambiado y te conviertes en el típico padre tocapelotas) y que le trasmitimos por activa y por pasiva que debe hablar para llegar a soluciones concretas. Sus juegos preferidos son la pizarra y los cuentos en plan "La pequeña oruga glotona" o "Un monstruo debajo de mi cama" o "A qué sabe la luna", "El pollo Pepe"...
De modo que, apostando por mi actual guerra particular en la que yo quiero ser sujeto activo de mi propia vida, me metí en una juguetería y le compré la pistola de vaquero que venía, no con una sino con dos pistolas, las pistoleras con balas y hasta la estrella de sheriff de la ciudad (amos hombre, qué cucada).
Me dije a mí misma para convencerme o justificarme (léase como convenga).
¿Acaso no le disfrazo muchas noches con su pañuelo y parche de pirata? ¿y acaso por ello le estoy incitando a montarse en un barco con piratas pongamos que somalíes y secuestrar a todos sus tripulantes? NOOOOOO.
¿Acaso no le cuento historias de reyes y princesas que viven de la sopa boba y de las perdices que se comen al final de cuento? ¿y acaso le estoy incitando a ser pro monarquía, ligarse a nuestra Leonorcita y convertirse en miembro de la realeza? NOOOOOOOO.
Ni qué digamos que mi hijo flipó en colores con su juguete, y tan contento estaba que intentó convencerme de que comprase otro par para poder "disparar a su padre y viceversa".
Por el camino le expliqué que a mamá no le iban demasiado esos juguetes, pero que si a él le hacía ilusión, lo respetaba... y llegó a casa y las aparcó en un rincón para jugar a poner su nombre en la pizarra (qué malote).
Al llegar el papi y ver la nueva adquisición me miró extrañado y algo contrariado me comentó que a él no le gustaban ese tipo de juguetes.
La verdad, pocos argumentos tenía, tan solo el que me salió:
¡Vamos a ver, los de mi generación hemos jugado de toda la vida a vaqueros e indios, a torer@s y toros y si me tiras de la lengua, hasta médic@s y enfermer@s y dime tú si hemos salido más o menos tarados que ahora nuestros hijos! Ya está bien de tanto pensar en chorradas, que lo importante es el día a día y que los juegos de los niños, no dejan de ser eso: juegos. Venga ya, que estamos perdiendo el norte pero de todas, todas!
Y ahora, toca preguntita, ¿qué pensáis vosotros?, de hecho ¿qué hubiéseis hecho en esta situación?
foto: teacuerdas.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)