Ayer mismo me volvió a pasar que paseando en la calma hora de la comida, detecté un matiz a madera de pino crepitando al son del fuego, mezclado con el aroma a puchero y aire fresco entre los callejones de mi antiguo barrio... En lo más profundo de mi cerebro quería abrirse paso algún recuerdo de ese olor, evocando mis pasos por aquellas calles siendo yo aún niña, volviendo del colegio o quién sabe, yendo a pasear con mis abuelos... Ese olor mezcla de comida de todos los bloques apiñados, con la inminente llegada del invierno, algún olor a leño quemado de alguna casa baja con chimenea ... aquel aroma me desbordó con millones de recuerdos en forma de imagen. Por un instante creí que al abrir los ojos me encontraría a mi misma subiendo las escaleras hasta el tercero y llamar a la puerta donde mi madre saldría a recibirme, por un segundo creí ser de nuevo niña, invadida por el aroma a hogar, a barrio, a niños en la calle, a butanero golpeando las bombonas entre sí, a afilador con su bicicleta, a la cola de gente en la pescadería ...
Cerré los ojos y soñé por un instante volver a ese pasado feliz, inocente y embriagador, regresé al calor del fuego de leña en mis vacaciones de Navidad, al de las castañas asadas en el carbón, al de los charcos en el camino, al del frío en la nariz, al del arroz con caldo y pollo hecho por mi abuela en la hoguera, a los perrillos del pueblo bebiendo de las gotas de rocío ...
Aromas especiales y únicos que siempre permanecen.
Y a ti ¿Qué olor te evoca tantos recuerdos?
Las cavilaciones de una ciudadana común... que a veces camina con firmeza y otras veces dudando.
viernes, 22 de octubre de 2010
lunes, 11 de octubre de 2010
Me siento bien . . .
Cuando disfruto de una ducha caliente.
Al despertar con el sonido del viento.
Cuando mantengo una buena conversación.
Cuando la luz roza mi cara.
Al verte dormir apaciblemente en tu pequeña cama.
Cuando imagino nuevas metas.
Cuando las alcanzo por fin.
Cuando siento que la vitalidad me invade.
Al verte bostezar por las mañanas.
Cuando siento la energía en el ambiente.
Al oir latir mi corazón y el tuyo.
Cuando me da la risa porque me das una sorpresa.
Cuando camino entre las hojas del otoño.
Al ver tu carita de niño buscarme al despertarte.
Cuando camino entre la niebla de tu mano.
Cuando te recojo del colegio.
Cuando jugamos a pisar nuestras sombras.
Al verte montar en bici sin caerte.
Cuando pones mi nombre en el papel.
Cuando abrazas a tu peluche favorito.
Cuando hacemos un bizcocho.
Cuando te ríes a carcajadas.
Al darme un beso de ratón.
Cuando nos queremos hasta el infinito.
Me siento bien...
Al despertar con el sonido del viento.
Cuando mantengo una buena conversación.
Cuando la luz roza mi cara.
Al verte dormir apaciblemente en tu pequeña cama.
Cuando imagino nuevas metas.
Cuando las alcanzo por fin.
Cuando siento que la vitalidad me invade.
Al verte bostezar por las mañanas.
Cuando siento la energía en el ambiente.
Al oir latir mi corazón y el tuyo.
Cuando me da la risa porque me das una sorpresa.
Cuando camino entre las hojas del otoño.
Al ver tu carita de niño buscarme al despertarte.
Cuando camino entre la niebla de tu mano.
Cuando te recojo del colegio.
Cuando jugamos a pisar nuestras sombras.
Al verte montar en bici sin caerte.
Cuando pones mi nombre en el papel.
Cuando abrazas a tu peluche favorito.
Cuando hacemos un bizcocho.
Cuando te ríes a carcajadas.
Al darme un beso de ratón.
Cuando nos queremos hasta el infinito.
Me siento bien...
lunes, 4 de octubre de 2010
Unípara
Reconozco que últimamente parece que una fuerte llamada de maternidad llama a mi puerta. No sé si será la edad que ya empieza a advertirme que estoy en el límite (cada vez más flexible, por cierto) o que mi peque deja de serlo, o que mi casa es más grande y quiero llenarla de niños correteando por ella, o que yo me siento más preparada... no sé que será, pero últimamente la idea de volver a ser madre, me ronda como una hiena a su carroña (el ejemplo es más gráfico que adecuado).
Sin embargo, me temo que por exigencias del guión me quedaré con las ganas...
Si volviese a ser madre, quisiera tener la certeza de que tendría el mismo tiempo que dispuse para mi primer hijo, quisiera tener una economía estable (y no me refiero a grandes lujos, sino al mero hecho de llegar a fin de mes), que mi trabajo no corriese riesgos si tuviese que pedir alguna reducción de mi ya reducida jornada o ¿por qué no? una excedencia... y si además le unimos el hecho de "Uno quiere, otro no", presiento un futuro "uníparo" más por obligación que por convicción y eso es algo que me pesa, al menos hoy.
Aunque quizá esto que me pasa, más fisiológico que "lógico", sea algo parecido a la fiebre, que cuando se va, es como si nunca hubiese existido.
Por lo pronto, esta sensación es lo suficientemente importante como para ponerla en cuarentena mientras leo vuestros comentarios :)
Sin embargo, me temo que por exigencias del guión me quedaré con las ganas...
Si volviese a ser madre, quisiera tener la certeza de que tendría el mismo tiempo que dispuse para mi primer hijo, quisiera tener una economía estable (y no me refiero a grandes lujos, sino al mero hecho de llegar a fin de mes), que mi trabajo no corriese riesgos si tuviese que pedir alguna reducción de mi ya reducida jornada o ¿por qué no? una excedencia... y si además le unimos el hecho de "Uno quiere, otro no", presiento un futuro "uníparo" más por obligación que por convicción y eso es algo que me pesa, al menos hoy.
Aunque quizá esto que me pasa, más fisiológico que "lógico", sea algo parecido a la fiebre, que cuando se va, es como si nunca hubiese existido.
Por lo pronto, esta sensación es lo suficientemente importante como para ponerla en cuarentena mientras leo vuestros comentarios :)
jueves, 30 de septiembre de 2010
Escribir por escribir.
No sé si es falta de tiempo
o el abismo mismo que se interpone entre mis manos y el papel.
No sé si quizá la inspiración me abandona
o si las palabras no acuden
espantadas por el ruido de mi mente.
A veces escribía para ti,
para que me buscases un rato entre tantos kilómetros.
A veces escribía para él,
satisfaciendo el impulso de rozarle sin caricias.
Pero siempre he escrito para mi,
para aspirar mi propia esencia,
para aclarar mis propias dudas,
para observarme desde lejos,
para pensarme en la distancia...
Escribir por escribir
o escribir mi propia historia.
o el abismo mismo que se interpone entre mis manos y el papel.
No sé si quizá la inspiración me abandona
o si las palabras no acuden
espantadas por el ruido de mi mente.
A veces escribía para ti,
para que me buscases un rato entre tantos kilómetros.
A veces escribía para él,
satisfaciendo el impulso de rozarle sin caricias.
Pero siempre he escrito para mi,
para aspirar mi propia esencia,
para aclarar mis propias dudas,
para observarme desde lejos,
para pensarme en la distancia...
Escribir por escribir
o escribir mi propia historia.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
La importancia de mirar a los ojos o cómo ser empático.
Y no, no es un tratado de psicología y mira que me gustaría hablar de cualquier cosa menos de ésta. Sobre todo porque entre los blogs que sigo hay una mamá pediatra que me encanta y no es mi intención que se sienta aludida.
Ayer conocí a mi nuevo médico de familia... sé que es pronto para opinar, pero no precipitado. Estábamos todos intrigados por cómo sería nuestro nuevo médico de nuestra nueva localidad... después de unos minutos esperando, entramos a su consulta y comprobamos que era un hombre de edad avanzada, hasta ahí, nada que objetar. Sin mirarnos nos indicó que nos sentásemos, cosa que hicimos con pasmosa sumisión, mientras terminaba de escribir en su ordenador a la velocidad de un golpe de dedo por letra... transcurrido un rato y sin levantar la mirada nos pregunta el motivo de la consulta, tan pronto comenzamos a relatar, empezó a escribir hasta que se hizo un silencio en el que ninguno de las dos partes se pronunciaba... pasado otro silencio incómodo por fin se arrancó a hablar hacia la pantalla de su querido ordenador (tecnología divino tesoro). La verdad es que no sabíamos muy bien si se estaba dirigiendo a nosotros o a algún electroduende, pero el caso es que no me estaba enterando de nada... supongo que su poca pronunciación, su fuerte acento y su escaso dominio hablado del idioma no ayudaban tampoco. Quisimos dilucidar que nos preguntaba por la medicación que nos habían recetado en urgencias, le dimos la hoja del hospital y en ella encontró el hombre su oasis porque a partir de ese momento se tiró 10 minutos copiando literalmente cada palabra, punto y coma del informe médico de urgencias y otros 10 minutos haciendo recetas sin ton ni son... Una vez amontonada la ingente cantidad de papelotes, nos los dió y nos señaló la puerta señalando con sus ojos la dirección por encima de sus gafas y acompañando con un ligero movimiento de su cabeza de teñidos cabellos negros azulados un gesto donde se sobreentendía que "la consulta había finalizado".
Mi mosqueo, como comprenderéis es, en este momento, muy importante. No comprendo aún por qué hay gente que se dedica a atender a otra gente si no le gusta o no se siente capacitado.
Volvemos a lo mismo de siempre pues, porque poco profesionales haberlos haylos en todos los sitios... pero debo ser dura de sesera porque aún no comprendo cómo es posible que una profesión que requiere de tanta humanidad tenga entre sus filas a gente tan poco humanizada :(
Ayer conocí a mi nuevo médico de familia... sé que es pronto para opinar, pero no precipitado. Estábamos todos intrigados por cómo sería nuestro nuevo médico de nuestra nueva localidad... después de unos minutos esperando, entramos a su consulta y comprobamos que era un hombre de edad avanzada, hasta ahí, nada que objetar. Sin mirarnos nos indicó que nos sentásemos, cosa que hicimos con pasmosa sumisión, mientras terminaba de escribir en su ordenador a la velocidad de un golpe de dedo por letra... transcurrido un rato y sin levantar la mirada nos pregunta el motivo de la consulta, tan pronto comenzamos a relatar, empezó a escribir hasta que se hizo un silencio en el que ninguno de las dos partes se pronunciaba... pasado otro silencio incómodo por fin se arrancó a hablar hacia la pantalla de su querido ordenador (tecnología divino tesoro). La verdad es que no sabíamos muy bien si se estaba dirigiendo a nosotros o a algún electroduende, pero el caso es que no me estaba enterando de nada... supongo que su poca pronunciación, su fuerte acento y su escaso dominio hablado del idioma no ayudaban tampoco. Quisimos dilucidar que nos preguntaba por la medicación que nos habían recetado en urgencias, le dimos la hoja del hospital y en ella encontró el hombre su oasis porque a partir de ese momento se tiró 10 minutos copiando literalmente cada palabra, punto y coma del informe médico de urgencias y otros 10 minutos haciendo recetas sin ton ni son... Una vez amontonada la ingente cantidad de papelotes, nos los dió y nos señaló la puerta señalando con sus ojos la dirección por encima de sus gafas y acompañando con un ligero movimiento de su cabeza de teñidos cabellos negros azulados un gesto donde se sobreentendía que "la consulta había finalizado".
Mi mosqueo, como comprenderéis es, en este momento, muy importante. No comprendo aún por qué hay gente que se dedica a atender a otra gente si no le gusta o no se siente capacitado.
Volvemos a lo mismo de siempre pues, porque poco profesionales haberlos haylos en todos los sitios... pero debo ser dura de sesera porque aún no comprendo cómo es posible que una profesión que requiere de tanta humanidad tenga entre sus filas a gente tan poco humanizada :(
Suscribirse a:
Entradas (Atom)