No recuerdo cuántas veces he mencionado esta expresión desde que soy madre: "por encima de mi hijo, no hay nada" ... ¡Ay, alma cándida! Si algo estoy aprendiendo de esta vida que me ha tocado vivir, es que las frases tan rotundas son gigantes con pies de barro.
A ver, que hoy he venido a trabajar sin dormir nada de nada y con una sensación de derrota bastante desagradable.
Como todas las que sois madres o padres sabéis (o lo sabréis), que la entrada de un niño en una escuela infantil o en un colegio, supone que el nene o la nena va a estar al menos unos cuantos días al mes malit@.
Mi hijo, no es un caso especial en esto. La parte buena es que apenas ha tenido fiebre como algo habitual, la parte mala, que cuando cae enfermo lo que más se le afecta es la garganta y los bronquios. Esto se traduce en un primer síntoma que es esa tos perruna, machacona, constante, regular y acompasada como el segundero de un reloj muy ruidoso. Otra, que le da asma y el niño se ahoga... y no hay nada que lo pueda remediar, empieza como algo leve y al siguiente día ya estamos en urgencias con una crisis asmática que ni en mis mejores tiempos.
Otra cosa es que cae malo el sábado, esto significa que el punto más álgido de tos y asma llega el domingo, para ser más exactos de noche. Eso sí es una aventura de las buenas: para los que hayan tenido la suerte de no pisar nunca las urgencias, os diré que el domingo por la noche, la gente "queda" para ir allí... si no, no me lo explico. Puedes ir cualquier otro día, pero como el domingo no hay nada, estoy convencida que se baten récords guiness de concentración de gente en un espacio reducido.
Ayer no fue diferente, salvo que en vez de ir a urgencias hasta esperar al alba a que atendiesen al peque, decidí pasar la noche con él en brazos y paseando arriba y abajo, arriba y abajo, así parece que todo remitía y conseguía conciliar el sueño.
Imagináos el panorama, desde las doce de la noche hasta las siete de la mañana, de paseo en paseo y de sofá a paseo y de sofá a cama ...
Cuando el día apuntaba en el horizonte, su estado ha ido mejorando considerablemente y es ahí cuando hemos tenido que decidir qué íbamos a hacer, que el papi se quedase con él: impensable, está en plena entrega de notas y reuniones con padres y tiene que ir... otra opción, que me quedase yo con él: imposible, a primera hora de la mañana tenía concertada una cita para seguir formándome en un programa informático de la empresa, añadir que soy yo la portadora de la llave que abre la oficina ¡genial! Solución, los abuelos. Así que, hemos vestido al peque que estaba mejor pero hecho unos zorros de no haber dormido apenas nada y le hemos llevado a casa de mis padres.
Entonces, de camino al trabajo, he entrado en contradicción, yo que tanto me lleno la boca diciendo que por encima de mi hijo no hay nada, he visto que sí, que por lo visto, el programa informático del trabajo está por encima, que mi compromiso de mujer trabajadora dando el callo está por encima, que mis sentimientos de fallar a la empresa, están por encima...
Este sentimiento ha dado paso a ese punto de politiqueo que últimamente envuelve nuestras vidas y he seguido el hilo argumental de mis pensamientos: si los abuelos no estuviesen disponibles ¿qué hubiese hecho? ¿faltar al trabajo porque mi hijo está enfermo? ... posiblemente es lo que hubiésemos decidido su padre o yo, en mi caso tengo la suerte de tener un jefe bastante comprensivo al respecto, pero... qué pasa con aquéllos que no tienen ni lo uno ni lo otro??? porque hasta donde yo llego, las bajas médicas te las dan cuando estás tú malo, no cuando se pone malo tu hijo, en este último caso, tienes que pedirte un día (si lo tienes) o quedar como un capullo delante de tu empresa, y faltar por el método de "diga 33" osea, hacer que estás tan malo que no puedes salir de la cama ni para ir al médico... que eso no es la primera vez que lo oigo... ¿Por qué en España es tan difícil la conciliación de la vida familiar y laboral? ¿será diferente en otros países? ¿cuánto de diferente?
En fin, sea como fuere, me he visto una vez más en la misma situación y con la misma frustración que me lleva a plantearme cómo podría hacer para sentirme mejor cuando dejo a mi nene enfermo en manos de otros, porque son muy buenos abuelos, pero ni qué decir tiene que lo que realmente me pide el cuerpo en estos casos, es cuidarle yo y quedarme junto a él hasta verle recuperado.
Y mucho me temo, que no soy la única que se siente así ¿verdad?
lunes 21 de diciembre de 2009
A VUELTAS CON LA TOS DE PERRO Y LA NOCHE TOLEDANA
domingo 13 de diciembre de 2009
Una de spam por Navidad.
Ya os he comentado que no suelo ser asidua a reenviar mensajes tipo spam a mis amigos, pero a veces llegan cosas interesantes o graciosas. Esta vez ha sido graciosa, Aquí os dejo el texto...
¡Dentro de nada... Nochevieja, ¿eh? ¡Qué estrés! Yo en nochevieja me siento... me siento... no sé, me siento como un toro, ¿no?
Cuando llega la fiesta miro alrededor y me da la sensación de que todo el mundo se lo está pasando bien, menos yo. El estrés comienza con la cena. Aquello parece una prueba del Gran Prix: Tienes que llevar calzoncillos rojos, tener algo de oro para meterlo en la copa,preparar las doce uvas... Y contarlas varias veces, porque, como son todas iguales, te equivocas: - Una, dos, tres, cuatro... una, dos, tres, cuatro, cinco, seis... Esta pocha ya la he contado... Una, dos... siete, ocho... ¡Joder, las doce menos veinte! ¡Chavalín, trae el Rotring, que las voy a numerar, como en el Bingo! Y tu madre: - ¿Queréis venir, que se enfrían las gambas? Que esa es otra: te tienes que comer todo lo que está en la mesa... Y antes de las doce!; que, con las prisas, más que pelar gambas, parece que estás desactivando una bomba. - ¡Coño, las doce menos diez! ¡Mamá, no me da tiempo: hazme un sándwich con el cochinillo, que ya está terminando Cruz y Raya! Y no eres el único que está agobiado, ¿eh? No hay más que ver la tele.
Allí están Ana Obregón y Ramón García, explicando a toda España como funciona un reloj. Acojonados por si se equivocan: - Cuando la aguja pequeña esté en las doce y la grande también.. serán las doce. ¡Coño, como todas las noches! - Y entonces bajará la bola y... luego vienen los cuartos, ¡no vayan a empezar a comerse las uvas, ¿eh? Vamos a ver: ¿por qué nos explican mil veces que nos comamos las uvas en los cuartos y nadie nos explica por qué coño tiene que bajar una bola? ¿Qué clase de reloj es ése? Cuando por fin llegan las doce, en toda España se oye lo mismo: Cla, cla, cla, cla... <> >
es la bola>>: cla, cla, cla...
Din-don... - ¡Ah no, que son los cuartos!
Din-don... - ¡Escupid que son los cuartos!
Din-don... - Pfbbbbbbbb... ¿qué son qué?
Din-don... - Los cuartos...
Ton... - ¡Ahora, ahora!
Ton.. - ¡Una! -
¡Que no, que vamos por la segunda!
Ton... - Pues me meto dos...
Ton... - Seis... - ¿Cómo que seis?
Ton... - A mí ya no me caben más, ¿eh?
Ton.. -¡Eh!, ¡deja mis uvas, cabrón!
Ton... - ¡Es que se me ha caído una al suelo!
Ton... - Bgrfds... Ton... - Bggggdffffff...
Ton... - A mí ya no me quedan...
Ton... - Bgggggdffffff.... - ¡Pues a mí me sobran cuatro!
Ton... - Bfgggggggg, grounfffffff...
Y cuando acaban, toda la familia con la boca llena de babas, a darse besos: - Feliz año, eeeeeeeeeh, felicidades, grfdddfd...
Y suena el teléfono: ¡riiiiiiiiiing! - ¡Pero coño! ¿Ya están llamando? ¿No se pueden esperar? - Pues a mí todavía me sobran dos...
- ¡Champán, que alguien abra el Champán!
Pero, bueno, ¿a vosotros os parece lógico empezar el año así? ¡Qué estrés, de verdad!
Pero como es Nochevieja... tienes la obligación de divertirte. Así que después te vas a un fiestorro a un sitio en el que, si caben mil personas, el dueño ha decidido meter a cinco mil doscientas. ¡Muy bien! ¡Cuatro mil doscientas más de las que caben! ¡Quédate en la calle si te apetece, con la pelona que está cayendo! Así que entras. Lo bueno que tiene ir a un sitio así es que te puede pasar cualquier cosa. A mí el año pasado me ocurrió de todo. Yo estaba tan tranquilo,tomándome mi cubatita de garrafón, cuando de repente un tío me cogió por detrás y me dijo: - ¡¡¡¡COOOOOOOOONGAAAAA!!!!! Y, claro, que vas a hacer, pues te pones a bailar... ¡Eso te lo hace un tío en el autobús y le partes la cara! ¡Pero como es Nochevieja... ! ¡Pues hala! Y de repente te das la vuelta y llevas cien personas enganchadas a tu culo. ¡A ver como escapas de ésta! Porque una conga es como una secta: entrar es muy fácil pero salir es muy jodido. Porque en el garito hay como doce congas girando a toda pastilla... Bueno, pues iba yo conduciendo mi conga... por mi derecha, cuando, de pronto, me veo venir en dirección contraria una conga suicida acojonante conducida por un gordo con casco de vikingo. Yo le iba a hacer ráfagas, pero como las congas no llevan ni luces ni nada... pues, para evitar la colisión, di un giro brusco a la derecha... ¡Y metragué entera una columna de espejitos! ¡Siniestro total! Doce heridos leves y una columna de espejitos destrozada. Y yo, con una ceja abierta tirado en el suelo pensaba: cagao! Y en ésas, me desmayé. Al despertar estaba en la sala de urgencias, rodeado por todos los de mi conga. Algunos todavía no se habían desenganchado; habían venido corriendo detrás de la ambulancia.
Bueno, las urgencias en Nochevieja, hay que vivirlas. Si en la sala caben cincuenta personas, el dueño ha metido a ciento cincuenta... Como el de la discoteca. Y como allí también es Nochevieja, el camillero lleva un gorrito de moro, la enfermera un collar de hawaiana y el que te cose la ceja unos dientes de Drácula, ¡que te da una confianza... ! El tío te dice: - ¿Qué ha sido? ¿Con una moto? - No, con una conga. - ¡Ay!, si es que van como locos con las congas... Cuando salí de allí me quería ir a mi casa, pero como era Nochevieja, acabé a las ocho de la mañana con la ceja grapada en un bareto... - Oiga, póngame un chocolate con churros. - Pues sólo nos queda Nesquick y algunos dónuses... Es que los últimos churros se los han tomado los de una conga, ¡traían un cachondeo...! Había un gordo que llevaba un casco de vikingo... ¡No le digo más! Y es lo que yo le digo a los clientes: si no disfrutas en Nochevieja, ¿Cuándo vas a disfrutar?
domingo 6 de diciembre de 2009
VUELVE A CASA POR NAVIDAD
Las Navidades ¡esas santísimas fiestas! cada vez me gustan menos y cada vez me gustan más. Sé que esta expresión no tiene mucho sentido, pero es la pura verdad.¿Por qué cada vez me gustan menos?
Pues porque cada vez soy más consciente de cómo nos embaucan los Centros Comerciales en estas fechas para que nos sintamos mejor si compramos mucho de todo: mucha comida, muchos regalos, muchos adornos.
Porque no me gusta ver árboles de Navidad , luces de colores, turrón y polvorones desde finales de Octubre.
Porque ya no tengo esas vacaciones de Navidad que duraban desde el 22 de diciembre hasta 7 de enero.
Porque ahora tengo que organizarme las fiestas en función de la familia y si pasas el 24 de diciembre con una, por narices tienes que pasar el 31 de diciembre con otra.
Porque por mucho que miro, no veo el espíritu navideño por ningún lado.
Porque me acuerdo mucho de los que ya no están con nosotros.
Porque no me gusta que tengamos que aparentar "buenas intenciones" en estas fechas y olvidarlas el resto del año.
Porque soy consciente de la opulencia en las casas de quienes pueden comprar y comprar en esta época del año y de la pobreza que sufren otros durante el resto de los meses.
¿Por qué sí me gustan?
Porque me encanta decorar el árbol de Navidad con mi hijo en este puente de "La Inmaculada".
Porque me encanta ayudarle a dejar un bol de agua, galletas y tres vasos de leche la Noche de Reyes.
Porque adoro ver su cara de asombro cuando ve las migas de galleta y los vasos de leche vacíos.
Porque me encanta ver sus ojos brillando y su cara de sorpresa cuando ve la carta que le han dejado los Reyes en agradecimiento a las galletas y la leche.
Las Navidades me encantan desde que hay un pequeñajo por la casa con cara de sorpresa por cada cosa que sucede y porque tengo unos días de fiesta para poder estar más tiempo con él.
Porque en el fondo me sigue enterneciendo ver el anuncio de "Vuelve a casa por Navidad" y alguna lagrimilla que otra se me escapa.
Porque me encanta el olor a leña cuando voy a la finca de mis abuelos. Porque me encanta el frío del invierno en buena compañía.
Y a ti, ¿te gustan las Navidades?
miércoles 25 de noviembre de 2009
Dar clase a adolescentes
Cuando me llamaron en septiembre para volver a dar clases de refuerzo en el Instituto me quedé entre entusiasmada y aterrorizada ya que dar clase a chavalotas y chavalotes de entre 12 y 14 años es todo un reto.


