sábado, 16 de enero de 2010

Maliciosa y hasta un poquito desalmada.

Vivo con la mosca detrás de la oreja. Sí, sí, leéis bien.
Y me di cuenta de eso ayer, bueno no, en realidad me he dado cuenta alguna que otra vez.
Veréis, ayer iba por la calle, era de noche y volvía a casa después de un día muy largo. Como siempre, iba algo despistada, más mirando hacia dentro que hacia afuera, cuando se me acercó una muchacha y me interceptó un poco el paso. Lo primero que hice, fue caer en la cuenta de que esta chica me hablaba a mi, y lo segundo que hice fue acercar el bolso aún más a mi cuerpo... después dudé si escuchar lo que tenía que decirme o no... mi naturaleza, ya de por sí confiada optó por escucharla. Simplemente estaba algo perdida y quería saber qué camino tomar para encontrar el metro y efectivamente, le indiqué...
Cuando retomé la marcha, pensé en lo desconfiada que me he vuelto. Este encuentro tan común, trajo a mi mente otro suceso que me ocurrió hace años, cuando iba a la Universidad:
Recuerdo que iba una mañana de camino a la estación, cuando al cruzar por un parque, justo al pasar al lado de un señor que estaba medio sentado en el borde de un banco, se me desplomó a los pies, literalmente. El primer impulso fue ir a ayudarle, pero un piloto rojo se encendió en mi cabeza: "qué casualidad que se cae justo cuando yo paso, éste tiene un cómplice que en cuanto me agache a ayudar al hombre, viene por detrás y me roba, o viene por detrás y me golpea". Así que, el segundo impulso fue huir... menos mal que no me dió tiempo a hacerlo, porque en ese momento se me acercó una señora y me dijo que el hombre estaba mal, que era su vecino y que padecía del corazón. Juntas le incorporamos en el banco y conseguimos avisar a la ambulancia...
En ese caso fue verdad, pero sinceramente ya no me fío de nadie. Que hay que ir por la vida con dos ojos en la cara y otro en el cogote. Cada vez estoy más convencida de que en esta sociedad, los confiados somos carne de cañón de muchos aprovechados. Y si no, mirad las noticias, mirad.

¿O no habéis visto en la tele cómo le roban el monedero a una señora mientras está ella ayudando al "cómplice" del ladrón? ¿Y en los aeropuertos? ¿no habéis visto imágenes de cómo roban la maleta, el portátil, el bolso y hasta la ropa interior si pudieran, en una maniobra de despiste similar a la que os he contado al principio? No sé, pero es que ya hasta me lo pienso dos veces cuando algún coche se para al lado para preguntarme algo, no salgo corriendo por vergüenza, pero ya pienso que me van a raptar... y ¿si me piden la hora? ya estoy pensando que en esa pregunta hay escondida una malévola intención. Y eso por no hablar de los que leen el contador del agua en las casas, de los técnicos de Gas Natural o de los instaladores de telefonía fija ... ya creo que no son los auténticos y que van a estafar desde el minuto uno que entran por la puerta de tu hogar, ¡no habré oído yo veces en las que falsos "cobradores" entran en las casas y te timan en nombre de tu compañía habitual! y qué pasa con internet, pues lo mismo, a veces hasta me planteo si la página del banco en la que estoy es la de verdad o es una que me va a quitar la clave...
¿Seré acaso demasiado suspicaz? ¿seré solo yo que me estoy volviendo paranoica? ... ¿o también os pasa a vosotros?

9 comentarios:

Anna dijo...

No sé si será paranoia o no, pero yo pienso lo mismo... me he visto reflejada en todo lo que has escrito!! Eso sí, sigo siendo demasiado confiada, según parece, porque acabo ayudando siempre!

Besos!!

Isa dijo...

Relajate mujer!!
Pues yo soy una empanada literal... pienso esas cosas, pero a posteriori, así que no me pasa nada por pura suerte... Ay no, que la suerte no existía :-P

Chelo dijo...

El acto reflejo de agarrar el bolso como si de la vida se tratara la tengo yo cada día, normalmente en el metro. Y es que creo que hay que llevar cuidado y andarse con ojo, no creo que por eso sea una persona especialmente desconfiada, simplemente precavida :-)
Yo lo mirar despavorida a alguien que se acerca para preguntarme por una calle ja ja ja ni te cuento, ahora que me has hecho reflexionar, igual si soy un poquitín desconfiada...

Melisa dijo...

Yo tal vez peco un poco de confiada por que creo que los manguis prefieren a víctimas con más pinta de llevar pasta. Yo ni joyas, ni marcas ni ná...

Y dos buenas piernas para correr y dos buenos pulmones para gritar.

Teniendo cincuentonas pudientes para qué arriesgarse con una treintañera en vaqueros.

Lo de los gases naturales es otro cantar, de esos sí que no me fío.

Y a los taxistas les temo cuando no conozco la ciudad.

También a los dentistas. Sospecho que si ese mes no llegan para pagar la letra del mercedes me van a encontrar una caries extra fijo.

LUCIA-M dijo...

Creo que a todos nos pasa igual yo antes era muy confiadas desde que robaron a una hermana mía en un cajero ahora me da pánico y miro una y otra vez cuando voy a sacar dinero.
Besos.

Tatito dijo...

Yo al igual que tú soy super.desconfiado...he tenido un par de malas experiencias (con armas incluídas) que me hacen marcar mucho las distancias con determinadas personas... en cierto modo me he vuelto algo clasista, cosa que no me gusta, pero, lo de encontrarme con gente con malas pintas a altas horas de la noche me pone los pelos de punta; en estos casos, instintivamente busco un recorrido alternativo o si no me queda remedio, agacho la cabeza y tiro de frente, pq, si algo aprendí en NY mientras vivía allí es que la falta de contacto visual con determinados individuos, te evitará muchos muchos problemas!

Lil' Kisses!

Ana dijo...

Creo que todo esto tiene mucho que ver con la edad... yo cuando era mucho más joven, llegaba a casa a las tantas de la mañana y no tuve miedo nunca, abría el portal sin mirar atrás, caminaba con los auriculares puestos... ahora me he vuelto un poco más desconfiada porque la vida me ha demostrado que hay que serlo... pero hay que intentar no caer en la paranoia porque al final lo único que haces es sufrir y no merece la pena. Precaución, pero no miedo... hale, ahí dejo el consejo de hoy...

Sunny dijo...

Yo soy muy desconfiada de todo y eso me trae algúnque otro problema (conmigo misma), pero en el caso que describes veo biem tener precaución.
No os pasa que cuando parais en los semáforos tenéis la necesidad de c errar los seguros del coche?...ahora tengo uno que los cierra automáticamente.
Luego la conciencia duele un poco si no miraste al que te vendía los pañuelos o al que te cruzaste en esa calle casi intransitada,etc. pero qué se le va a hacer.

besinos.

Merce dijo...

A mí también me pasa, pero debe ser cosa de la edad y de la cantidad de "listos" que hay ahora.

Lo de las malas pintas impresiona, pero no siempre las tienen: en la zona del mercado donde yo vivo hay 2 chicas jovenes que "amablemente" ayudan a las abuelas con las bolsas de la compra y cuando se quieren dar cuenta ya han salido corriendo como galgos y las pobres abuelas se quedan sin compra.

Mi peor neura: sacar dinero del cajero sola y por la noche.

Muchos besos